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Cuando hay que mudarse para poder llegar a grandes ligas

Huboun tiempo en que Miguel Cabrera fue un paria en Florida. Su bate adelantó su graduación.Con 20 años de edad, forzó las puertas de las grandes ligas, estrellándolas depar en par, a fuerza de extrabases.

Cabrera,sin embargo, no tenía cabida en los Marlins. Al menos, no en los planesiniciales del equipo para ese 2003 que resultó inolvidable. Era el prospectonúmero uno de la divisa, pero esperaban verle llegar a las mayores a finales de2003 o comienzos de 2004.

Dehaber ocurrido así, el aragüeño habría dado menos vueltas por el diamante,buscando una posición que ocupar cuando no tuviera el madero entre las manos,que tal cosa era lo que querían los peces de él: ofensiva y más ofensiva.

Cabrerahabía sido convertido en antesalista, para ese instante. Era demasiado fuertepara defender el short, algo que los scouts preveían desde el momento en quefirmó por un bono récord.

Loque no preveían en la organización era tener que usarlo en los jardines. Laesquina caliente en el viejo Dolphin Stadium estaba custodiada por elexperimentado Mike Lowell, uno de los puntales de esa escuadra. Llegaría elmomento en que Lowell se marcharía como agente libre, pero no todavía, no en2003.

Elaño pasado, ocurrió algo similar en Detroit. Los Tigres subieron al súperprospecto Nick Castellanos y lo enviaron al outfield, siendo tercera base, porqueen ese cojín estaba el venezolano. Hace 11 temporadas, Cabrera era el novato ysu destino fueron los jardines.

Losaficionados que ya cumplieron la treintena probablemente tendrán vivo elrecuerdo del nativo de Maracay tratando de llegar a los elevados en el right.Sufrió casi tanto en ese sector de las praderas exteriores como en el torneosiguiente, cuando fue mudado al left.

Lafrase de Ozzie Virgil es célebre: “Quien toma rollings, toma flyes”. Pero no escierta, sin embargo, como no son verdad muchos lugares comunes que repetimos amenudo. A Cabrera lo entrenaron para coger rodados, hacer cortes y buscardobleplays, no para ir en busca de posibles extrabases en el rol deguardabosques. Su estupefacción fue evidente.

Lowellfinalmente se marchó del club y el mejor bate criollo de todos los tiempospudo, por fin, recalar en el infield, donde ha tenido altos y bajos, como casicualquiera, pero donde es evidente que se siente a sus anchas.

Cambiarde posición es, a menudo, la única forma que existe de adelantar la llegada alas grandes ligas. Es un mal necesario, que algunos venezolanos experimentanpor estos días en las menores.

Aveces, un veterano que puede estar próximo a salir de la divisa es la trancaque obliga a la mudanza. A veces, se trata de topar con una pieza fundamentalen el edificio de la organización.

ARonald Torreyes le tocó el segundo caso. Es un jugador del cuadro, mejor dotadopara la segunda base, según varios evaluadores. El problema es que en Houstonya hay un camarero para el largo plazo y se llama José Altuve.

Torreyes,un nombre importante en el proceso anual de firmas del 2 de juliorecientemente, ha avanzado en su desarrollo a la velocidad esperada de untalento que firmó por un bono alto, como el suyo: de manera acelerada.

Elbarinés tiene 21 años de edad, está en triple A y su línea ofensiva al escribiresto era notable, con .316/.361/.430. Puede que algunos aficionados desavisadosno sepan mayor cosa de este venezolano, pero es casi seguro que estará entrelos nuevos graduandos de 2014.

Parapermitirle llegar y liberarle de obstáculos, los Astros decidieron un cambio derumbo para Torreyes: lo pasaron al shortstop.

Noes una mala decisión, si el llanero prueba tener la habilidad de manejar tandifícil posición. El boricua Carlos Correa, prospecto número uno de laorganización, está en clase A avanzada, a dos años de pedir paso en lasmayores. Las paradas cortas de los siderales son, hoy por hoy, de aquel que lleguea reclamarlas y pruebe tener el merecimiento.

ParaVenezuela puede ser un cambio afortunado: quizás este mismo año haya una llavede dobleplays formada por Torreyes y Altuve, con Marwin González como suplentede los dos.

Másabajo, en la misma categoría donde juega Correa, otro criollo viene subiendo atoda carrera, literalmente. Se trata de José Peraza.

Pocoslo conocen en su propio país, pero está escrito en esa especie de libro deldestino, que para el beisbol son los informes de los scouts, que algún díapuede estar entre los ricos y famosos.

Perazatambién es barinés, pero ha hecho el viaje contrario a su compatriota.Pertenece a los Bravos, que acaban de darle al muy joven curazoleño AndreltonSimmons un contrato multianual, refrendando lo que ya sabían en Atlanta: que esel shortstop del presente y también del futuro.

Elvenezolano ya empieza a aparecer en los escalafones dedicados a los mejoresprospectos del beisbol, viene de robar 64 bases en clase A media, nada menos,la temporada pasada, y en esta batea para ..322/.341/.397. ¿Qué hacer con él?¿Dejar que se desarrolle y ofrecerlo luego como pieza de cambio?

Lagerencia prefirió otra vía y mudó a Peraza, que ahora es intermedista. Siguerobando bases a un ritmo que sorprende. Logró 14 en sus primeros 28 juegos estazafra. Pero ahora tiene el camino libre, porque en la gran carpa está DannyUggla, quien definitivamente no es el camarero del futuro de los Bravos.

Alpaso actual, el ahora segunda base estará en las mayores a finales de 2015, amás tardar, y muy posiblemente tendrá la oportunidad de adueñarse de laposición, si continúa con su desarrollo actual.

Graciasa otra mudanza, ya no está bloqueado por Simmons, quien le espera para algúndía ser su compañero de dobleplays.

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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