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La leve huella venezolana en el draft colegial

Carlos Asuaje nació en Barquisimeto, tiene 23 años de edad y llama la atención en el sistema de ligas menores de los Medias Rojas. Nunca ha jugado en Venezuela. De hecho, ni siquiera tiene equipo en la LVBP.

Asuaje ya va por doble A, de por vida ha bateado para .292/.384/.473 en las granjas bostonianas y puede que dentro de poco tiempo esté apoyando a su compatriota Eduardo Rodríguez con su guante y con su bate.

Es un pelotero especial. Puede jugar tanto en los jardines como en el cuadro. Firmó como shortstop y es probable que jamás se le vea por estos estadios. Hizo su carrera amateur en Estados Unidos, donde ha pasado casi toda su vida, y es uno de esos pocos criollos que han dado el salto al profesional a través del draft colegial.

Son alrededor de 40. El primero, Hernán Adames, abrió la cuenta en 1986. Los últimos, Argenis Angulo y Magglio Ordóñez Jr., fueron contratados en 2014.

La próxima edición del draft colegial se llevará a cabo el lunes. Los 30 elencos que componen las Grandes Ligas seleccionarán entre los mejores talentos disponibles en el sistema deportivo de la NCAA, mayormente, jugadores universitarios, y algunos estudiantes de bachillerato con condiciones excepcionales.

No todos llegarán. No todos son como Bryce Harper o Stephen Strasburg, sobre cuyos hombros construyeron los ayer sotaneros Nacionales su actual presente competitivo.

La legión venezolana es una muestra de cómo las grandes expectativas a menudo no se refrendan con carreras brillantes.

Adames fue tomado en la primera ronda, nada menos, pero hoy se dedica a la enseñanza. Nunca pudo brillar en el campo rentado.

David Espinosa, hijo de cubanos, nacido en Caracas, también fue escogido en la primera ronda, en 2000. Llegó hasta triple A.

Ronald Caridad fue escogido en la segunda ronda, en 1988, y tampoco completó su recorrido con la tan ansiada pasantía por las mayores.

Rouglas Odor, Lipso Nava y Richard Salazar posiblemente hayan desarrollado las carreras más largas. Odor y Nava fueron exitosos infielders de las Águilas del Zulia, especialmente, y Salazar todavía es pitcher activo en la LVBP, con los Caribes, 14 años después de dar el salto.

Hay que apelar a la Constitución Nacional para encontrar al menos un venezolano que, habiendo salido del draft, llegó luego a la gran carpa: es Josh Barfield, nacido en Barquisimeto, excluido por muchos periodistas de la lista de nativos en la MLB.

Barfield es también estadounidense y llegó a tener un estatus importante en San Diego. Disputó cuatro campañas arriba, las últimas tres con Cleveland. Ya está retirado, aunque sólo tiene 32 años de edad.

Ningún otro pelotero nacido en el país ha llegado después de pasar por el sorteo que vivirá el lunes su próxima edición, un mecanismo que han empleado varios hijos de estrellas para emular a sus célebres padres: Ordóñez Jr., por ejemplo, y los hermanos Oney y Ozney Guillén.

Es por eso que Asuaje asoma como una rareza. Porque ha puesto un buen OPS de .857 en las menores y ha mantenido el paso en su camino a las Grandes Ligas, desde que en 2013 se convirtió en novedad, al firmar en el draft colegial.

Twitter: @IgnacioSerrano

www.elemergente.com

iserrano@el-nacional.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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