• Caracas (Venezuela)

Al instante

blog-head

La larga ruta de Hurdle y Maddon

El manager Clint Hurdle / AP

El manager Clint Hurdle / AP

Clint Hurdle era un súper prospecto de los Reales cuando vino a Venezuela por primera vez.
 
Tenía 20 años de edad y un futuro brillante. Acababa de debutar en las mayores y se apropió de la fanaticada guairista. Su carrera con Antonio Armas por el liderato de jonrones en la temporada 1977-1978 fue épica. Ambos cabeza a cabeza, persiguiendo el récord de 19 cuadrangulares que Bob Darwin había impuesto años antes.
 
Hurdle ganó la batalla, con 18 vuelacercas contra 17 de Armas. Volvió en la campaña siguiente y sacó 10 más, semanas después de cerrar su primer torneo completo con los monarcas.
 
Era una estrella en expansión, a punto de devorar su propio sistema solar.
 
Joe Maddon era el quarterback de la Universidad de Lafayette cuando tomó una decisión que cambiaría su vida: dejar el fútbol americano y concentrarse en el beisbol.
 
Como miles de atletas en el sistema colegial estadounidense, era joven, brillante y con un futuro promisor. En 1976 dio el salto al profesional. Lleno de ilusiones, como cualquiera, pero sin talento para triunfar.
 
Peter Cicarelli, entonces gerente general de la sucursal de los Ángeles en clase A avanzada, lo sentenció apenas un año después. “Este tipo no puede jugar”, dijo, citado por Sports Illustrated hace no mucho. “Pero será manager algún día”.
 
Hurdle tardó en entender que los sueños a veces se quiebran en pedazos. Nunca cuajó en las mayores. Vino una vez más con los Tiburones y en 1987 se retiró, luego de disputar únicamente 515 juegos en 10 temporadas con los Reales, los Rojos, los Mets y los Cardenales.
 
A Maddon le tomó menos tiempo comprenderlo. Su carrera como receptor terminó en 1979, a los 25 años de edad. Con él ocurrió algo que sucede poco. Al igual que pasó con el conocido Buddy Bailey, en los tiempos en que éste trataba de ganarse la vida como catcher veinteañero en las granjas de los Bravos, los serafines decidieron que aquél tampoco era lo suficientemente bueno como para ser pelotero, pero sí lo suficientemente inteligente como para iniciar de inmediato una carrera como técnico.
 
Maddon fue primero scout, luego coach y finalmente candidato a piloto en las grandes ligas. Los Medias Rojas lo entrevistaron en 2003, pero prefirieron a Terry Francona. Los Rays no lo dudaron, tiempo después.
 
Hurdle y Maddon son las sonrisas más televisadas por estos días en la gran carpa.. Los Piratas están en los playoffs por primera vez desde 1992. Los Rays buscan su primera corona de la Serie Mundial.
 
Dirigen equipos modestos. La suma del salario de los peloteros de Pittsburgh era sólo 79,6 millones de dólares al comenzar la campaña, antes de los cambios de julio, para la vigésima casilla de las mayores. Tampa Bay estaba aún más atrás, con apenas 57,9 millones de dólares, antepenúltimo en la lista.

Ambos se hermanan también en el uso de los nuevos recursos que aporta la sabermetría. A Hurdle le llevó tiempo, como confesó. Pero “tienes que involucrarte con toda esa información. Tienes que leer. Tienes que estudiar”, le dijo al Pittsburgh Tribune Review. “No puedes enterrar tu cabeza en la arena y decir que eso no existe, que no cuenta, que no tiene sentido”.
 
Maddon también pasó algún tiempo supuestamente entre dos aguas, antes de promover abiertamente el uso de las nuevas formas de análisis. “Estamos muy metidos en eso”, confesó a MLB.com. “Muy pronto todo el mundo lo estará. Van a darse cuenta de los beneficios que esto trae. Si no lo hacemos nosotros en el terreno, alguien en la oficina se encargará de que lo hagamos. Así es el beisbol ahora. Estamos totalmente convencidos de esto”.
 
Hurdle y Maddon soñaban con un futuro brillante en 1976, como peloteros. Como estrategas, brillan en 2013.
 
Twitter: @IgnacioSerrano
www.elemergente.com

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

  • Addthis Share:

Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

Histórico