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El laberinto de los Cardenales

No hay equipo más perjudicado por el nuevo formato de la LVBP que los Cardenales, la divisa proponente de este cambio que tanta polémica causó en la recta final de la ronda eliminatoria.

No hablamos de lo obvio: Lara quedó fuera de los playoffs, a pesar de cerrar la fase regular con 33 victorias y récord positivo.

Jamás, en torneos sin divisiones, un club con más triunfos que derrotas había sido dado de baja sin entrar a la postemporada; no digamos ya uno con 33 lauros.

Eso es una obviedad. Pero la tragedia que vive hoy el tren directivo de los pájaros rojos va más allá. El nuevo formato les ha robado hasta la posibilidad de hacer un balance equilibrado de lo que pasó, lo que fue bien y lo que es necesario corregir.

Con la vieja usanza, los dirigidos por Luis Dorante habrían clasificado sin apremios ni juegos extra. Águilas, Bravos y Tigres habrían sido los eliminados. Todos perdieron más veces que los encarnados, y que los Leones y Caribes.

Estos Cardenales estarían hoy disputando un lugar en la final, de todavía existir el esquema anterior. Más importante aún, tendrían los pies en la tierra, para poder analizar con objetividad lo que realmente pasó.

Es una injusticia decir que la plana mayor no supo ensamblar un equipo ganador. ¿Cómo afirmar eso, si tuvo más triunfos que caídas?

Es una injusticia asegurar que esta escuadra era mala. Tenía abridores, buenos abridores criollos. Contó con varios importados que vale la pena repetir, comenzando por Rangel Ravelo, el posible Más Valioso. Tuvo bates peligrosos como Carlos Rivero y Jairo Pérez. Le dio oportunidad, por fin, a la sangre nueva.

Estos larenses vieron triunfar al prospecto Juniel Querecuto, a Osmer Morales y al recién llegado Ildemaro Vargas. Acertaron al firmar a Tiago Da Silva ante las barbas de otras novenas. Contaron con el refuerzo más cotizado, el campeón mundial Paulo Orlando. Funcionó el bullpen de cierre.. Se consolidó el proyecto detrás del home.

Nada de esto eclipsa la brutal realidad: Barquisimeto quedó fuera de los playoffs por sexta ocasión en los últimos siete torneos. Es demasiado. Algo tiene que haber detrás. No han funcionado las decisiones tomadas en este tiempo. Y sin embargo, este debió ser el primer año en el camino de salida. Tendríamos que estar hablando de las cosas buenas, de las fórmulas que por fin funcionaron. Lo claman esos 33 juegos ganados, que son una evidencia palmaria de la buena mano de Dorante y la gerencia.

Esa es la tragedia que viven este club y su fanaticada, pocos días después de la injusta eliminación.

El formato por puntos probó ser cruel. Lo reconoció un ejecutivo de los occidentales, semanas antes del desenlace. Ya entonces se preveía que un conjunto con foja positiva iba a quedar fuera.

Habrá tiempo para debatir qué se puede rescatar del nuevo formato. Los pájaros rojos, en cambio, tienen que encontrar ya un modo creíble de analizar lo que pasó y lo que vendrá. Porque fue un fracaso, sí, quedar fuera de juego antes de enero, incluso con un elenco que hoy perfectamente podría estar peleando su derecho a ceñirse la corona.

No habrá otro equipo más perjudicado con las nuevas condiciones de campeonato. Su propia creación le robó todo a Lara: la posibilidad de un análisis equilibrado, además de la ansiada clasificación.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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