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El laberinto de Aníbal Sánchez

¿Qué le pasa a Aníbal Sánchez? ¿Por qué pasa por el peor momento de su carrera en las Grandes Ligas?

En febrero cumplió 32 años de nacido. No debería ser la razón del drástico declive. Tampoco sufre una lesión considerable, que se sepa.

El aragüeño ha dicho públicamente que sus inconvenientes son mentales. El manager de los Tigres, Brad Ausmus, cree que es un asunto de confianza.

Quizás sea un problema de mecánica. En los entrenamientos primaverales aseguró haber cambiado el windup, para quitar presión al hombro derecho. Y algunos reportes de prensa indicaron que hizo un nuevo ajuste en las últimas semanas, tratando de hallar el motivo de actual su mal momento.

Hay señales alarmantes. La más preocupante es el número de jonrones que le están bateando.

En general, este era un asunto que mantenía bajo control. Tuvo topes de 10 en 2009, 10 en 2010 y 20 en 2011, con pisos de 7 en 2008, 9 en 2013 y 4 en 2014. ¿Cómo justificar que haya sido el líder en la Liga Americana, con 29, la temporada pasada, y que en este campeonato también esté al frente, con 14?

Otra alarma está en su efectividad. Pasó de 2.57 hace tres zafras, cuando encabezó la Americana, a 3.43 en 2014, luego a 4.99 y finalmente a 6.67, hoy.

La misma progresión inversa ha ocurrido con otros baremos reveladores, como el FIP, el promedio de ponches por cada nueve innings y el average de los bateadores rivales.

¿Qué pasa, entonces? ¿Cómo, a los 32 años de edad, alguien que ha coqueteado tantas veces con el no-hitter, que fuera uno de los mejores abridores del joven circuito hace tres torneos, cae tan drásticamente sin sufrir una lesión?

Se ha dicho que la clave está en la tercera vez que ve a sus oponentes, una vez que el encuentro llega al quinto o sexto tramos. Las estadísticas lo niegan.

Veamos los averages, aunque el caso es similar en departamentos más complejos y reveladores: en el primer inning le batean para .318, al igual que en el segundo; le conectan para .300 en el tercero y para .289 en el cuarto; en el quinto, curiosamente, le han ligado para .069, mientras que en el sexto el registro sube a .348 y salta a .714 en el séptimo.

Esto es muy preocupante. Porque también hay una merma en la velocidad, que no es tan drástica en la recta (90,6 millas por hora, una milla menos que el promedio de su carrera), pero sí en el resto de sus envíos, donde muestra dos y hasta tres millas por debajo.

Paradójicamente, en promedio le han dado menos líneas, aunque se ha incrementado la solidez de los batazos que le dan, según archivos como FanGraphs, que se nutren de las mediciones realizadas por los radares colocados en cada estadio.

¿Está envejeciendo? Todos estamos, pero a su edad, el declive no debería ser tan drástico ni tan temprano.

¿Es un problema de mecánica? Si es cierto lo publicado, ha hecho varios ajustes en los últimos seis meses. Algo podría estar mal; pudiera estar telegrafiando sus pitcheos o haber perdido la capacidad para ubicar los envíos donde quiere, como revela el incremento en sus bases por bolas.

¿Tiene una lesión oculta? Esto explicaría todos los problemas, tanto como los ajustes en sus movimientos.

Sánchez no encuentra el modo de recuperar el éxito de antes y no tiene idea de cuál puede ser la causa. Es lo peor que puede pasarle a un lanzador.

 

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com

 

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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