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La interminable sequía del Panda

Pablo Sandoval no ha pasado un peor momento que en aquella Serie Mundial de 2010.
 
Era su primera. Venía de dos grandes campañas con el madero, iniciando su carrera. Pero a medida que avanzaba la campaña, era evidente que había perdido ese toque casi mágico, que llevó al público del AT&T Park a usar gorros con orejas de oso panda, en celebración a su carisma, buena vibra y desempeño deportivo.
 
Sandoval se quedó en la banca aquella vez. En plena batalla contra los Rangers, apenas disputó un encuentro y sólo tuvo tres apariciones en el plato.
 
Es irreconocible lo que muestra la página de estadísticas en aquel año 2008 sobre el carabobeño, especialmente en los playoffs: en seis encuentros, contando las tres rondas de postemporada, tomó 19 turnos, dio tres hits, uno solo fue extrabase, y dejó .177 con el madero.
 
No ha habido una imagen más triste del Panda que esa de él sentado en la banca, en pleno clásico de octubre, viendo la acción desde la cueva.
 
Sólo tenía 23 años de edad, es cierto. Salvo casos excepcionales, como Miguel Cabrera, lo normal es que para ese momento un pelotero esté dando el salto a las mayores, dando sus primeros pasos, tratando de hallar su lugar.
 
Sandoval no. Había ligado para .345 y .330 en sus dos zafras anteriores. Había subido su OPS de .847 a .943, una cifra que sólo alcanzan los toleteros de élite. Según su OPS ajustado de 144 en 2009 había sido 44 por ciento superior al resto de los bates de la liga, comparado con lo hecho por cada quien en los estadios donde él jugó.
 
Por aquel entonces nació la teoría de que el nativo de Puerto Cabello necesitaba seguir un estricto programa de acondicionamiento físico, a fin de mejorar su alimentación, mantener a raya su peso corporal y llegar al spring training en la mejor forma.
 
El programa de ejercicios que llevó a cabo la anterior justa, de hecho, había precedido a su mejor torneo, el de 2009, estadísticamente hablando. Y el programa que siguió después de esa infausta Serie Mundial fue el prólogo de su regreso al estrellato.
 
Tanto en 2011 como en 2012, el venezolano tuvo un lugar en el Juego de Estrellas y fue el gran protagonista en el último clásico de otoño al que han ido los Gigantes, el de ese 2012, donde castigó a Justin Verlander, al resto de los lanzadores de los Tigres y recibió el premio al Jugador Más Valioso.
 
¿Qué ha sucedido para que uno de los bateadores con más habilidad en la legión venezolana, desde Chucho Ramos hasta Rougned Odor, haya vivido contrastes tan marcados?
 
El OPS ajustado del Panda sólo es inferior al de Cabrera y Bob Abreu. No hay otro toletero criollo con mejor OPS ajustado a su tiempo. Ni Andrés Galarraga ni Magglio Ordóñez ni Antonio Armas. Ningún otro.
 
La dimensión que ha alcanzado el nativo de Puerto Cabello entre sus compatriotas se diluye en parte por las cirugías que le han arrebatado semanas de producción en dos temporadas distintas, en parte por jugar mayormente en estadios proclives al pitcheo y en parte por sequías brutales, como aquella de 2010 y esta de 2014.
 
Los venezolanos fuimos testigos de su preparación, esta vez. Practicó con el Magallanes durante buena parte de la última zafra, logró el permiso para jugar en enero y se le vio delgado, para su contextura, en buena forma y con buen swing.
 
El manager Bruce Bochy, el gerente general Brian Sabean y la prensa de la bahía lo felicitaron por su condición física, en febrero. ¿Entonces?
 
¿Que perdió vigor por tanto trabajo previo? ¿En serio?
 
Tal vez sea sólo un slump. El más hondo de su carrera, sí, pero slump al fin. Su tendencia a hacer swing a pitcheos fuera de la zona de strike causó el bajón de hace cuatro años.
 
O quizás sí exista lo que todo pelotero niega por profesionalismo y amor propio: la presión. Hace días, en una inusual confesión al periodista Enrique Rojas, Cabrera se permitió reconocer que parte de su reciente sequía posiblemente se debió a querer hacer más de lo habitual, por haber firmado un contrato súper millonario el mes pasado.
 
Sandoval está en su año contrato. Y por causa de su historial, vive una contradicción: tiene el potencial deportivo para firmar por mucho dinero, pero al mismo tiempo ese mismo historial sirve para temer los altos y bajos que podría sufrir en los próximos cinco años, la duración por la que quieren firmar sus representantes.
 
Una gran cosecha esta temporada le traerá el pacto que anhela. Batear para .175, como ahora, ciertamente no ayuda.
 
¿Slump? ¿Agotamiento? ¿Un swing muy agresivo? ¿Presión? ¿Mala suerte? ¿Todo al mismo tiempo?
 
Está bateando más roletazos que nunca, menos líneas, menos flyes. Es una mala señal. Está tomando boletos, lo que es bueno, pero se está ponchando a una frecuencia muy superior a sus promedios históricos. Otra mala señal.
 
Curioso: está haciendo swing a menos envíos malos, respecto al pasado. Incluso, ha reducido el número de swings en cuanto al total de pitcheos que ve, lo que explica el incremento en los boletos.
 
Su poder aislado está en el punto mínimo de su carrera, aunque por ese BAbip de .211 habría que esperar un poco más de fortuna, que sus batazos comiencen a caer en tierra de nadie con más frecuencia (de por vida, su BAbip es 100 puntos más, justo ..312, y lo normal sería que tienda a equilibrarse hacia arriba).
 
Para crecer, sin embargo, el BAbip, y en consecuencia el average, el slugging y el OPS, necesitan batazos vigorosos. El exceso de rodados va en la vía contraria a ello.
 
Cabrera buscó contacto, recuperó los hits y, ya relajado, ha empezado a sumar los extrabases que de él se esperaban.
 
Le toca ahora al Panda poner fin a su peor momento desde aquella Serie Mundial de 2010, en la que debió aceptar quedarse en la banca y ver a los otros jugar.

@IgnacioSerrano
www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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