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El interesante y rebuscado caso de Oscar Hernández

Oscar Hernández va a jugar algún día en las Grandes Ligas. Lo dicen los scouts. Es cuestión de tiempo y salud.

Puede que eso ocurra en unos pocos días. Puede que le falten algunos años. No se habrían interesado en él los D'backs si no se tratara de un receptor con cualidades especiales.

Hernández es venezolano, caraquista y grandeliga. Todavía no juega en las mayores, sí, pero ya es bigleaguer.

Ha cobrado cerca de 100.000 dólares desde el 5 de abril, unas cinco veces el salario que habría recibido en clase A media, donde jugó el año pasado. Y ya tiene casi mes y medio de antigüedad, a efectos de la Asociación de Peloteros y MLB.

El problema es que también está lesionado. No es algo complicado. Pablo Sandoval pasó por lo mismo dos veces: la rotura del hueso ganchoso de la mano, un inconveniente que requiere cirugía y de 6 a 8 semanas de reposo. Sandoval volvió sin inconveniente. Pero las circunstancias que rodean al recluta enredan el panorama.

Hernández fue adquirido en diciembre, en el draft de la regla 5, poco después de que los desérticos enviaran a Miguel Montero a los Cachorros. Arizona estaba por empezar una campaña de reconstrucción. Bien podía darse el lujo de probar al novicio y usarlo como suplente de Tuffy Gosewisch, en la esperanza de verle aprender, crecer y hacer carrera en la organización.

La regla 5 tiene sus bemoles, sin embargo. La nueva organización está obligada a mantener al jugador recién adquirido en el equipo grande, todo el año. Si no es así, debe pasarlo por waivers y eventualmente ofrecerlo de vuelta a su elenco original.

No es posible acudir al tecnicismo de la lista de incapacitados, para mantener al susodicho. La norma expone que todo jugador seleccionado en este draft debe pasar al menos 90 días en el roster activo, ese comúnmente llamado “de 25”.

No importa lo que digan los médicos ni el estado físico del involucrado. Así le hayan practicado la cirugía Tommy John, debe pasar tres meses activo arriba.

A Hernández le queda tiempo. En teoría, hasta los primeros días de julio. Siempre y cuando no regrese a la lista de lastimados. Sólo que la situación ha dado un giro inesperado desde la fecha inaugural.

Los D’backs ya no están en reconstrucción. Están rondando los .500 y les conviene esperar. Gosewisch sigue siendo un catcher irrelevante, de escaso bateo, y su suplente Jordan Pacheco hace rato que dejó de ser prospecto. Era cuestión de esperar por el retorno del venezolano. Hasta que apareció Jarrod Saltalamacchia.

Con Arizona intercalando triunfos y derrotas, la gerencia se lanzó una parada y contrató al veterano, recién despedido por los Marlins. Le dieron un contrato de ligas menores, con el derecho de declararse agente libre a finales de mayo, si no es llevado al equipo grande para entonces.

Hernández, para colmo, sufrió un problema con la cicatriz de la mano, mientras bateaba en el spring training extendido, y ahora no tiene fecha de vuelta. Quizás sea pronto, quizás le tome algún tiempo adicional.

¿Qué harán las serpientes? Se agotan las opciones.

A este paso, pudiera que el falconiano termine de vuelta con Tampa Bay y en clase A, sumándose a esa curiosa lista de bigleaguers que no han visto acción en un juego de la gran carpa, aunque se hayan graduado en las Grandes Ligas.

 

@IgnacioSerrano  |  www.elemergente.com


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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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