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El increíble caso de Junior Guerra

¿Quién ha sido el venezolano con el recorrido más improbable, el de más rocambolescos giros, en su camino a las Grandes Ligas?

El llamado que Junior Guerra recibió el fin de semana plantea la duda. ¿Ha habido alguien cuya espera haya sido mayor y, si se quiere, más desesperanzadora?

Varios entre los 12 criollos que llegaron a las mayores después de cumplir 30 años de edad sólo necesitaron paciencia. Sí, en algunos casos resultó una espera interminable. Pero esperaron en las menores, asistiendo año tras año al spring training, cambiando de organización y tratando se dar el resto en cada nueva temporada.

Fueron los casos de Alejandro Freire o Yohán Pino o J.C. Boscán, por ejemplo.

Dámaso Blanco, el primero en llegar después de convertirse en treintañero, fue una rareza en su tiempo. De por sí, eran poquísimos los bigleaguers del patio en esa época, no digamos los de esa edad.

El mirandino, sin embargo nunca dejó de jugar en las menores, y fue eso lo que permitió al manager Charlie Fox hacer realidad el sueño del infielder, al llamarlo a la gran carpa cuando tomó las riendas de los Gigantes; eran buenos, viejos conocidos del tiempo de Fox en las granjas.

Luis Jiménez, en cambio, pareció tirar la toalla cuando, a los 27, decidió probar en otros países. Aceptó un contrato en Japón, con la misma convicción que hace poco tuvo Ernesto Mejía: si el añorado llamado no ocurría, mejor probar en un mercado donde al menos el salario fuera comparable.

A Jiménez no le fue bien e incluso terminó jugando en el Beisbol Tradicional Caroreño. Parecía sumido inevitablemente en un declive. Pero llegó.

Clemente Álvarez y Guilder Rodríguez, los dos reclutas venezolanos de mayor edad, fueron premiados después de largas estadías con sus organizaciones, Filis y Rangers. Pero tampoco sobrevivieron periplos exóticos o aventuras impensadas para conseguir la graduación.

Exóticos, como el viaje a Juan Carlos Pulido a Taiwán. Ya tenía experiencia en las mayores cuando, tiempo después, pelotero de ligas independientes, aceptó un contrato para jugar en la isla. No terminó la zafra. Se fue directo al aeropuerto, espantado, después de ser tentado por los jefes de la mafia china de apostadores, que le ofrecieron un maletín lleno de dólares en efectivo a cambio de perder algunos encuentros.

Pulido volvió a las mayores después de eso.. Como Melvin Mora, cuyo salto ocurrió, todavía en sus 20, después de jugar en Taiwán, precisamente.

Alex Cabrera también era agente libre en el beisbol organizado, con varias pasantías por México y circuitos independientes, cuando fue descubierto por los D’backs y llevado por la vía rápida a la gran carpa.

Ha habido casos asombrosos, en los tiempos recientes.. David Peralta perdió su carrera como lanzador, por una lesión. Decidió hacerse bateador en la Liga Bolivariana y hoy reparte tablas en Arizona. Leonel Campos jugaba softbol, a los 23 años de edad, cuando un técnico recomendó su firma para la LVBP.

Ninguno, sin embargo, como Guerra. Firmó tardísimo, como Campos. Casi pierde su carrera por lesiones, como Peralta. Fue a jugar al otro lado del mundo, a España e Italia, como Mora. Pasó varios años fuera de la pelota organizada, como Cabrera. Esperó pacientemente, como Dámaso, Clemente y Guilder.

Hoy está en las Grandes Ligas, porque jamás se rindió.

Twitter: @IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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