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La hermandad de Víctor Martínez y Miguel Montero

Víctor Martínez sonó cuadrangular en victoria de Detroit/AFP

Víctor Martínez sonó cuadrangular en victoria de Detroit/AFP

Son dos de los bateadores más peligrosos de Venezuela, con muchos puntos en común: tienen algo más que poder ocasional, suelen alinear en el medio del orden ofensivo y son receptores en su origen, una posición que Martínez espera volver a defender a partir de 2014, una vez que su rodilla se haya fortalecido completamente, después de la cirugía por rotura de ligamentos a la que se sometió.

¿Qué pasa con estos finos toleteros, para que hayan transcurrido más de dos meses y todavía estén tan lejos de sus promedios habituales?

El guayanés, bateador de .300 cinco veces, con OPS de por vida en .829, llegó al fin de semana con una línea ofensiva de .231/.282/.329.

El caraqueño, que en 2009 implantó un tope personal con .294 de average, había puesto un OPS de .820 o más en los anteriores dos campeonatos, pero ayer amaneció con una línea de .202/.290/.282.

¿Por qué?

Las declaraciones que han ofrecido Martínez y Montero sugieren que ellos comparten la duda. No encuentran la respuesta para sus estadísticas, que incluyen una drástica merma de extrabases, como se refleja en el slugging y en el poder aislado (ISO).

El ambidiestro tenía nueve tubeyes y cuatro jonrones, al escribir estas líneas. El toletero zurdo mostraba seis biangulares y tres vuelacercas.

“Debe ser que estoy tratando de hacer de más”, ensayó Montero, cuando habló esta semana para ESPNdeportes.

Hay poco donde hurgar. Ninguno está abanicando la brisa con mayor frecuencia que en el pasado. Tampoco han incrementado de forma significativa en número de ponches.

El bolivarense ha tomado menos boletos, en proporción a la media de su carrera, pero no en forma drástica. El capitalino ha negociado más pasaportes que en dos de sus tres años más recientes.

Martínez se ha mantenido con poco más de un roletazo por cada elevado que conecta, a semejanza de lo que ha hecho durante casi toda su trayectoria. Montero sí ha aumentado la rata de rodados, al punto de llevarla a tres batazos por la tierra contra dos por el aire.

Eso último podría sugerir algo, pero hay poco más donde agarrar. No han aumentado los flies al cuadro. Han mantenido en márgenes aceptables sus conexiones en línea.

De acuerdo con FanGraphs, la página de donde hemos ido extrayendo las estadísticas avanzadas, tampoco hay diferencias importantes en el número de swings ante pitcheos fuera de la zona, o en el contacto con la pelota, al atacarla con el bate.

Ambos son, poco más o poco menos, los mismos que han sido siempre. Sus numeritos, sin embargo, claman en sentido contrario.

Algo deben haber visto los managers Jim Leyland, de los Tigres, y Kirk Gibson, de los Diamantes, para no moverlos en el lineup. Martínez ha sido el quinto bate de Leyland desde el juego inaugural. Montero ha alineado como cuarto la mayor parte del tiempo, y Gibson asegura que ha tenido mala suerte, que sus batazos salen de frente muchas veces.

¿Es eso lo que quiere decirnos el BABIP de ambos?

Es sorprendente cómo, entre las muchas coincidencias que los hermanan, el average de las pelotas puestas en juego por el guayanés sea tan cercano al del caraqueño (.246 contra .245). También sorprende que estén tan lejos de lo que marca el BABIP de sus carreras (.313 y .312, respectivamente).

Si no hay una lesión de importancia, una dolencia que no hayan querido admitir (algo que pudiera haberse pensado en el caso del operado V-Mart), tiene que empezar pronto una corrección estadística.

No se explica de otro modo que, siendo casi los mismos, estén tan lejos de lo que han sido en sus carreras.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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