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El heredero universal de Vitico

Víctor Davalillo tenía 50 años y seis meses de nacido el día que disparó su último hit en el beisbol profesional.

Aquel cohete, con el uniforme del Caracas, le dio 1.505 en su carrera, la mayor cantidad para alguien en la pelota invernal.

Durante 30 campañas fue uno de los protagonistas principalísimos de nuestro beisbol, tanto en Venezuela como en las grandes ligas. Allá ganó el Guante de Oro, asistió al Juego de Estrellas y terminó como un emergente de lujo.

¿Existe mayor ejemplo de durabilidad? ¿Alguien que durante 30 años haya jugado profesionalmente?

Dice la leyenda que Joe Jackson usó un nombre falso hasta más allá de su medio cupón, ganándose la vida en circuitos semi profesionales, tras ser expulsado de la MLB por el escándalo de los Medias Negras.

Satchel Paige, Minnie Miñoso, Jim O’Rourke y Charley O’Leary actuaron en las mayores con 50 años cumplidos, aunque los dos primeros lo hicieron por una promoción de sus equipos y los dos últimos lo hicieron hace más de un siglo.

Davalillo tenía 44 el día en que largó su último hit en la gran carpa, el 6 de octubre de 1980, y a los 47 bateó para .306 aquí, con Aragua.

Vitico fue considerado durante mucho tiempo como el mejor bateador criollo de la historia, así como Luis Aparicio ha sido tenido como el mejor shortstop en el país de los campocortos. Pero Miguel Cabrera ya posee cinco bates de plata en las grandes ligas, ha sido tres veces líder de bateo y tiene sobre sus sienes una Triple Corona, nada menos.

¿Es, a los 30 años de edad, merecedor del señalamiento como mejor toletero venezolano de todos los tiempos?

Se supone que apenas está en la mitad de su carrera, ¿es justo adelantarnos?

Cuando el aragüeño se retire, suele decir Omar Vizquel, todos los récords ofensivos que están en manos de Andrés Galarraga, de Magglio Ordóñez, de Bob Abreu, del propio Vizquel, estarán en poder de Cabrera. Esto será así, salvo contadas excepciones, como las bases robadas de Aparicio y los ponches recibidos por Galarraga.

Tal vez tampoco alcance el total de boletos de Abreu. Pero ya no sólo lidera la expedición nacional en todos los promedios ofensivos, con .321 de average, un OBP de .399 y .568 de slugging; en cuatro temporadas más, si no baja drásticamente el ritmo, tendrá la mayor cantidad de anotadas, empujadas, dobles, jonrones, extrabases y bases alcanzadas. De hecho, estará muy cerca de dar caza a los 2.877 imparables de Vizquel.

Con todo y el natural declive que experimentará después de los 33 o 34 años de edad, quedará a la vera de los 3.000 hits cuando sople las 36 velitas.

Es tanto lo que ha hecho con el madero, que resulta injusto compararlo con cualquiera de sus compatriotas.

En él está el poder de Armas, con la virtud de sacarla por cualquier lado del campo (el propio Armas se rememora como un jonronero que sólo jalaba los pitcheos contrarios); posee el contacto de Davalillo y Ordóñez, con la misma habilidad para infundir miedo en los lanzadores que caracterizó a Galarraga y la disciplina en el plato de Abreu.

Vitico tuvo un OPS ajustado de 124 en 1972, su mejor campaña en las mayores. Quiere eso decir que ese año él fue 24 por ciento mejor que la media de la Liga Nacional en la suma de promedio de embasado y slugging.

Cabrera tiene un OPS ajustado de 154 en toda su carrera, es decir, es 54 por ciento mejor que la media de su época.

No jugó más en la LVBP precisamente por ser tan bueno, aunque igual aquí bateó para .305 en ocho campeonatos y dejó una línea de .347/.379/.613 en 125 juegos de postemporada, con 29 jonrones, 33 tubeyes y 108 impulsadas.

Davalillo puede estar contento. No ha habido mejor bate en Venezuela que el del más prolífico de todos sus herederos: Miguel Cabrera.

Twitter: @IgnacioSerrano

www.elemergente.com

 

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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