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¿Y qué hacemos con el récord de Baudilio?

Sólo un nombre se ha escuchado más que el de Alex Cabrera en estos días, desde que el viernes la Liga Mexicana de Beisbol anunció la suspensión por dopaje del Samurái.

 

Ese nombre es una leyenda de la pelota venezolana: Baudilio Díaz.

 

Es imposible desligar a uno del otro, desde que Cabrera quebró la marca de 20 jonrones que Baudilio un cuarto de siglo atrás implantó.

 

Son indivisibles, como en las grandes ligas lo son Hank Aaron y Barry Bonds.

 

El monaguense ansió más que nadie llegar al récord. Lo repetía cada vez que se reportaba a su equipo en la LVBP, bien fueran los Tiburones, el Pastora, los Bravos o los Leones.

 

Muchos se acercaron al registro. Cecil Fielder, Luis Raven, Robert Pérez, Roberto Zambrano, todos estuvieron más cerca que el de Caripito, pero era éste quien señalaba, una y otra vez, que le bastaba reportarse desde el primer día para lograr la hazaña.

 

Ahora que ese tope es suyo y es de 21 cuadrangulares; ahora que además consiguió la única Triple Corona ofensiva en la historia del circuito y que ha sido señalado con pruebas de haber consumido un esteroide anabolizante, ¿qué hacemos con Baudilio?

 

Porque está claro qué debemos hacer con Cabrera.

 

Hay que esperar, primero, a que se examine la segunda muestra de orina, para ver si respalda el resultado de la primera o si proclama su inocencia, una posibilidad diminuta, dado el historial de este tipo de despistajes, pero no irrealizable.

 

Y luego, si como todo señala hasta ahora, se comprueba que consumió estanozolol para crear la musculatura que, sin ayuda, normalmente es anti natura producir después de los 40 años de edad, habrá que bajar la cabeza con pesar y lamentar que en Venezuela no exista una política antidopaje para los deportes profesionales, y mucho menos despistajes metódicos y continuados.

 

Al igual que ocurre con Bonds, Aaron y el libro de récords de las grandes ligas, habrá que dejar el nombre de Cabrera en los registros de la LVBP por arriba del de Baudilio, aunque no nos guste ni parezca justo a muchos.

 

Uno no escoge qué ley respetar y qué ley desechar. Uno acepta la norma de manera íntegra o acepta el caos, y toda norma conlleva el principio de la no retroactividad.

 

No hay razón para no pensar que quien se dopa en un mes no lo haya hecho un trimestre atrás, especialmente cuando se logran marcas que nadie ha conseguido a tal edad. Pero como muchos analistas y dirigentes sensatos han apuntado aquí, el examen de la LMP prueba que Cabrera infringió las reglas en México, no en Venezuela.

 

Las sociedades modernas han preferido proteger en muchos casos a quienes son infractores, con tal de evitar la posibilidad de condenar a un inocente. Ningún inocente debe pagar por algo que no hizo, así sea al costo de mantener libres a unos cuantos que no lo merezcan.

 

A eso se llama debido proceso, se enmarca en el estado de derecho y se reconoce como civilización. Vale tanto para casos de derecho penal como para casos de derecho deportivo.

 

No todo está perdido, sin embargo. Bonds sufre una sanción moral enorme, como también Roger Clemens, Mark McGwire, Rafael Palmeiro y tantos otros que han estado involucrados en dopaje.

 

La votación anual que cada uno de ellos ha sacado para el Salón de la Fama ha sido precaria, sin importar que tengan 762 jonrones o hayan superado las 300 victorias o los 3.000 hits. Es muy probable que nunca lleguen a Cooperstown, algo que para el ego de cada uno de ellos sin duda es tremendo.

 

Es verdad, de vez en cuando ocurren casos de doble moral, tan descorazonadores como comunes son a nuestra condición humana: el público de Milwaukee, por ejemplo, ese que abucheó inclemente a Bonds cuando estaba muy cerca de alcanzar el récord de Aaron, ídolo de esa ciudad, recibió esta temporada entre vítores y aplausos a Ryan Braun, en el juego inaugural, porque Braun es la actual figura de la casa. No importó que estuviera regresando de una ominosa suspensión por dopaje.

 

A pesar de eso, hay razones para creer que el castigo moral será siempre mayor, y que incluso evolucionará hacia algo de más peso.

 

Este mes, las grandes ligas celebraron el día en que Aaron dio el cuadrangular 715, con el que superó a Babe Ruth, y lo hicieron como si la carrera de Bonds no hubiera existido. “Rey del Jonrón”, todavía llaman a Aaron, oficialmente.

 

Esta semana, los Cachorros no invitaron a Sammy Sosa a los actos por el centenario del Wrigley Field. Sammy Sosa, nada menos, un emblema de esa organización, también machado por sospechas de dopaje y escándalos de diversa índole.

 

Es posible que la sanción moral crezca con el tiempo, ahora que es menos sencillo tener una posición complaciente ante el tema.

 

Ahora que sabemos que Lance Armstrong se dopaba en pleno Tour de Francia y nunca dio positivo, y siempre juró que era inocente, y siempre mintió.

 

Ahora que el caso de Cabrera nos recuerda que se puede ingerir estanozolol por vía oral, crear músculos artificialmente con las pesas y dar negativo en un examen dentro de un mes, cuando la sustancia ha hecho efecto y sus rastros han desaparecido del cuerpo.

 

¿Fue eso lo que hizo el Samurái? ¿Aprovechó que no hubo antidoping en Venezuela para recuperar su carrera y alcanzar su más preciado sueño?

 

Jamás lo sabremos, a menos que surja una prueba que lo señale como culpable o que él lo confiese, como lo confesaron Armstrong, Jason Giambi, Andy Pettitte o Marion Jones.

 

Mientras tanto, y aún si se ratifica la responsabilidad de Cabrera con la segunda muestra, habrá que mantener su nombre en el libro de récords, aunque todos sigamos llamando a Baudilio, con justicia, nuestro Rey del Jonrón.

 

Con ese reconocimiento al ex receptor mirandino comenzará el castigo.

 

Ya luego los periodistas tendremos la posibilidad de no escribir su nombre cuando tengamos la planilla de votación de nuestro Salón de la Fama, el lugar donde se rinde tributo, desde su inauguración, al verdadero Rey del Jonrón.

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com

 

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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