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Otro grandeliga venezolano en el limbo

Al pitcher Jorge Rondón no lo conoce el gran público en Venezuela.

 

Es guariqueño, nacido en Calabozo, y ya acumula cuatro días de servicio en las mayores.

 

Entre jueves y domingo cobró el salario mínimo de la gran carpa. Estamos hablando de aproximadamente 11.100 dólares, al prorratearlo. En otras palabras, recibió por menos de una semana lo que la mayoría de los peloteros cobran por más de un mes en triple A.

 

Rondón fue subido el jueves por los Cardenales. Era de esperarse. Brilló en el spring training y viene de una muy buena campaña en 2013. Pero el domingo en la noche, después de ver su cuarto encuentro desde el bullpen, fue devuelto a las granjas de San Luis.

 

El diestro es grandeliga, pero no aparece en ningún listado oficial. A efectos de su organización y de la Asociación de Peloteros de la MLB, ya empezó a acumular antigüedad. En los libros contables y en las oficinas es un bigleaguer sin discusión. Sólo que para el común de la gente, por uso y costumbre, ese estatus se gana al aparecer por primera vez en el boxscore.

 

En los hechos, Rondón llegó a las mayores antes que Luis Sardiñas. En los conteos extraoficiales que todavía lleva una parte de la prensa venezolana, Sardiñas fue el adelantado, porque se estrenó el domingo como torpedero suplente y hasta dio un hit, para más anécdota.

 

Bienvenidos al extraño limbo donde moran los nativos que han dado el salto, han estado oficialmente en la gran carpa y nunca han disputado un partido.

 

Es un limbo del que se puede escapar. El campocorto César Izturis y los lanzadores Alex Herrera y Jesús Delgado formaron parte del grupo, pero en la misma campaña donde fueron devueltos a las menores, sin jugar, volvieron a ser llamados y pudieron debutar.

 

A Mauricio Robles le tomó más tiempo lograr la fuga. Estuvo dos meses y medio en la lista de incapacitados de grandes ligas en 2011, por toda experiencia arriba. Finalmente, en 2013 pudo tomarse más que un café, ya que también soltó la pelota por primera vez hacia el home, subido por los Filis.

 

Los casos son variados y tienen distintas motivaciones.

 

El monticulista Rendy Espina estuvo 20 días en la lista de incapacitados de los Ángeles, en 2000.

 

El catcher Luis Oliveros pasó tres días con los Marineros, en 2006, y fue dejado en la banca.

 

El también receptor José Yépez sumó nueve días arriba, también con Seattle, en 2012, sin ser llamado al campo.

 

El tirador Omar Poveda se mantuvo cuatro meses y una semana en la lista de incapacitados de los Rangers, en 2010. Jamás participó con el equipo grande.

 

El camarero Reegie Corona pasó todo 2011 en el listado de lesionados de los Yanquis, sin debutar en las mayores antes o después.

 

Ender Inciarte estuvo en la jornada inaugural de Filadelfia el año pasado, tomado en el draft de la regla 5, pero fue devuelto a las menores de los Diamantes menos de 48 horas después, al decidir los cuáqueros que era preferible tomar en waivers a Ezequiel Carrera. Inciarte nunca jugó con la tropa patriota.

 

Rondón es el séptimo miembro pleno de este extraño club. Junto a Oliveros, Yépez e Inciarte, tuvo ocasión de vivir su bautismo de fuego, pero por determinación de sus managers eso no fue posible.

 

Espina, Poveda y Corona permanecen en la habitación contigua. Ganaron su estatus, un mejor salario y hasta un año completo de antigüedad, en el caso del tercero, debido a un tecnicismo: sus escuadras aprovecharon que entonces estaban lesionados para poder ponerlos en la lista de incapacitados de 60 días y abrir así un cupo extra en el roster de 40, a fin de incluir a otro pelotero sin el riesgo de sacar a nadie de la nómina de protegidos.

 

Es posible que Rondón vuelva a recibir una oportunidad y que Mike Matheny, o quien sea su piloto entonces, se digne a incluirlo en un compromiso oficial. Pero su caso sirve para recordar nuevamente a estos soldados desconocidos a quienes pocos incluyen en la lista oficial de grandeligas.

 

Ellos también lo son. Lo dicen la Asociación de Peloteros, la oficina del Comisionado y sus propias organizaciones.

 

Es por eso que las cuentas y clasificaciones pueden ser tan confusas.

 

Desde la llegada del Patón Carrasquel, 305 venezolanos han jugado en la gran carpa, contando al cubano naturalizado Aurelio Monteagudo, al mirandino nacido dominicano Felipe Paulino y al barquisimetano Josh Barfield, a cuya inclusión se resisten algunos, todavía. El último de ese grupo, hasta ahora, Sardiñas.

 

Pero ya 312 jugadores del patio han recibido el grado de bigleaguers. No aparecen en los registros de Baseball Reference o Fangraphs, como los de antes no aparecían en aquella Baseball Encyclopedia que resultó estar llena de errores e imprecisiones, porque todos esos archivos esperan hasta el primer juego para contabilizarlos.

 

Esas páginas y publicaciones son, después de todo, depósitos de estadísticas. Del papeleo se ocupan el sindicato, los equipos y el Comisionado.

 

Para ellos, como también para este columnista, estos siete venezolanos no están en un limbo, así haya que escribir sus nombres con un asterisco al lado.

 

Incluyendo ahora a Rondón.

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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