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Cómo ganar la batalla del Acuerdo Invernal

Estadio de béisbol / Alexnys Vivas

Estadio de béisbol / Alexnys Vivas

No está perdida la batalla por lograr que el Acuerdo Invernal sea un acuerdo y no la mera resignación del Caribe ante su arrendador.
 
La pugna entre las grandes ligas y la Asociación de Peloteros es perjudicial a corto plazo, lo hemos dicho antes, pero puede ser beneficiosa para la pelota invernal en el largo aliento, sobre todo si desde acá se pueden sumar fuerzas y plantear a todas las partes una relación ganar-ganar.
 
Hoy, es posible que ningún jugador en roster de 40, criollo o importado, pueda ser contratado o incluso se entrene con su equipo nativo, a una semana de la inauguración de la campaña 2013-2014. Es la noche en su momento más oscuro.
 
Mañana, es posible que las tiránicas restricciones impuestas por la MLB en esta última versión del Winter Agreement sean matizadas por la intervención del sindicato, lo que implicaría un rayo de luz, incluso un nuevo amanecer para la región.
 
Debemos tener clara la implacable realidad: la Confederación del Caribe no puede hacer nada por sí misma.
 
No hay metáfora que pinte mejor la situación que aquella que el analista John Carrillo repite con insistencia diaria: nuestros torneos montan su fiesta con músicos prestados.
 
Los verdaderos dueños de los músicos son los equipos de las grandes ligas.
 
No sólo se trata de lo que pagan en las mayores, que es muchísimo. Un jugador de ligas menores, protegido en el roster de 40, puede ingresar en un año suficientes dólares como para comprar un apartamento en las mejores zonas de cualquier capital venezolana, si pudiese ahorrar cada centavo.
 
Saquen la cuenta, ¿cuántos de nosotros ingresamos esa cantidad en 12 meses? Y si estuviéramos en la disyuntiva, ¿elegiríamos al patrón que nos garantiza tal ingreso o nos quedaríamos con aquel que paga menos, mucho menos, por un trabajo que dura poco más de un trimestre al año?
 
Seamos realistas y honestos en el juicio que hacemos a los peloteros, especialmente porque los tres meses de salario aquí a menudo no llegan al 10 por ciento de lo que pueden ganar allá. ¿Tendríamos prioridades diferentes a las que ellos tienen? ¿Realmente?
 
Volvamos al centro del problema. ¿Cómo sacar provecho de la crisis? Decía Richard Gómez, coordinador deportivo de los Cardenales, que el Acuerdo Invernal es como la Guerra Fría: Estados Unidos y la Unión Soviética dirimen sus diferencias en el Caribe.
 
Genial paralelismo. La MLBPA quiere presionar a la MLB para que no sean afectados los derechos de sus agremiados. La MLB, que busca imponer al Caribe sus nuevas restricciones y derechos unilaterales, quiere presionar a la MLBPA para forzar la firma del pacto, al crear la crisis que estalla al impedir que jueguen aquí los miembros del sindicato, es decir, quienes están protegidos en los rosters de 40.
 
Cada extremo espera imponerse. Mientras tanto, sufren de mengua la LVBP, Lidom y los demás circuitos regionales, víctimas que importan poco a las dos potencias.
 
Pero ¿en verdad importan poco?
 
La clave quizás esté en profundizar la relación con Asopeloteros, para que la unión defienda el derecho de sus miembros a trabajar y ganar un dinero extra acá. Es lo que, al parecer, está planteado ya por parte del sindicato, porque si no ¿qué le objeta al comisionado Bud Selig, qué impide que se firme ya el Acuerdo Invernal?
 
Otra clave está en profundizar la relación directa con los equipos de la MLB, enfatizando los clubes que forman la confederación que en el Caribe aquellos encuentran el laboratorio que necesitan para perfeccionar a sus jugadores.
 
Y hay una tercera clave, quizás la decisiva: pedir a esos 100 venezolanos que están en los rosters de 40 que presionen ellos mismos, personalmente y también a través de sus agentes, tanto a la MLBPA como a la MLB.
 
A largo plazo hay otro camino: propiciar una legislación que impida a la gran carpa contratar incondicionalmente a los peloteros nativos, a menos que otorgue ciertas concesiones a la LVBP o incluso las selecciones nacionales. Esa amenaza sería mucho más que un mero espantapájaros, si se acude al fantasma de lo que ocurre en México, con su liga veraniega, y Japón, con la NPB.
 
A largo plazo, la posibilidad cierta de no tener libertad para detectar y firmar talentos jóvenes en el Caribe puede obligar a las grandes ligas a aceptar ciertas condiciones. No es imposible, como lo demuestran la LMB y la NPB.
 
Eso, claro, no puede hacerlo la confederación. Debe hacerse por vía parlamentaria, sin cedazos ideológicos y con un gran consenso con el beisbol profesional.
 
Queda, mientras tanto, el único recurso viable en este momento: esperar, y pedir a los propios jugadores que exijan los permisos. Que ellos mismos exijan a sus organizaciones no ser víctimas inocentes en esta molesta guerra fría.
 
Twitter: @IgnacioSerrano
www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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