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La feliz historia de Francisco Cervelli

Francisco Cervelli no podía jugar a diario hace 12 meses. Venía de sufrir el peor episodio de su carrera, por la suspensión que le aplicaron debido a su vinculación con la clínica Biogenesis. Estaba por dejar a los Yanquis, pero no lo sabía. Estaba a punto de dar un giro drástico y quizás definitivo en su vida deportiva. 

Cervelli se había granjeado cierta reputación a su paso con los neoyorquinos. Buen suplente. Fajador. No es casualidad que reciba tantos golpes detrás del plato. Él juega, no se cuida.

¿Fue eso lo que vieron los Piratas, cuando decidieron ir en su búsqueda en el pasado receso entre temporadas? ¿En qué entrelineado descubrieron las pistas de lo que vemos hoy en Pittsburgh?

El catcher carabobeño es una de las historias más felices de Venezuela este año en las Grandes Ligas. Totalmente inesperado, pese a que traía números, esos que vieron en su equipo actual. Llegó al spring training con la oportunidad de abrirse paso en la titularidad de los bucaneros, pero sin la garantía de que el puesto fuera para él.

 

Russell Martin había pasado por allí, corresponsable de la buena zafra de los filibusteros en 2014. Por eso firmó un jugoso contrato multianual con los Azulejos, como agente libre, dejando vacante la posición.

Alguien debería darle el crédito que merece a ese alto mando que, desde hace cuatro campeonatos, rebusca entre peloteros como Cervelli, para tratar de ensamblar un equipo que suma, al juntarse, mucho más de lo que suma cada una de sus partes individualmente.

El careta de Valencia es un claro candidato a Jugador Más Valioso de su divisa. Va a sacar muchos votos cuando el capítulo de Pittsburgh de la Asociación de Cronistas de Beisbol elija al miembro más útil de la escuadra en 2015.

Ha bateado. Incluso más de lo esperado. Todo el año ha rondado los .300, pese a los lógicos altibajos, y su promedio de embasado de .375 también es superlativo. Llega al último fin de semana de la fase regular un OPS de .782, el tercero mejor entre todos los catchers de la gran carpa.

Ha mostrado una sólida defensa. Su WAR defensivo según Baseball Reference está por arriba de la media.

Ha conducido con habilidad el cuerpo de lanzadores. Los filibusteros no tienen monticulistas de primera línea. Acaso Gerritt Cole, que va en ascenso, y por nombre A.J. Burnett, que está casi de salida. Esta campaña quebró el récord de Manny Sanguillén de innings en cero detrás del home. Y la efectividad colectiva del staff es 3.24, la segunda mejor del viejo circuito.

La mano de Cervelli está metida en esto último. De hecho, no hay receptor que mascotee mejor que él, en todas las Grandes Ligas.

Es uno de los aportes de la sabermetría, gracias al uso de los radares y cámaras que abundan en los estadios de la MLB: poder determinar a quién le cantan como strikes más pitcheos que en realidad eran bolas. Ese es el venezolano.

La temporada de Cervelli es excepcional. Tanto, que somos injustos al citar a Miguel Cabrera, David Peralta, José Altuve o Francisco Rodríguez al hablar del premio Luis Aparicio, sin incluirlo en la discusión.

No ha dado muchos jonrones. Apenas 7. No ha empujado muchas carreras. Únicamente 43. Pero, por muchas razones, ha sido una de las noticias más felices en la expedición venezolana este año en las Grandes Ligas.

Twitter: @IgnacioSerrano

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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