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A favor y en contra (Segunda parte)

La opinión pública continúa mayormente en desacuerdo con el sistema aprobado por cinco de los ocho equipos, que aumentaron a 70 juegos la ronda eliminatoria, a seis los clasificados y a cuatro las rondas de postemporada, incluyendo una muerte súbita que servirá para salvar la vida de uno de los derrotados en la primera fase de playoff.

La exposición de directivos, ejecutivos y propietarios defiende en general el nuevo formato, salvo algunas críticas. Es lógico que se asuma cierto espíritu de cuerpo, reflejado en las palabras de los presidentes de Magallanes y Aragua, Giuseppe Palmisano y Carlos Guillén, pese a que votaron en contra.

En estas dos columnas, ayer y hoy, hemos tratado de huir a la discusión superficial, representada, por un lado, en el argumento de que sólo probando algo se puede saber si funciona, lo cual es falso, y por otra parte, en el gusto personal de querer menos conjuntos clasificados y ningún “perdedor afortunado”.

Si se busca el bien de nuestra pelota, hay que tratar de saltarse los tópicos, seguir buscando aspectos favorables y riesgos del nuevo esquema.

La razón fundamental del cambio es económica. No sólo porque los clubes quieran ganar más, lo cual es lícito, pues se trata de un circuito profesional y la buena salud financiera de todos garantizará el espectáculo. Además, porque la Venezuela de hoy vive una situación compleja, crítica en algunos aspectos, y no se puede soslayar.

Hace 15 años era común ir de Caracas a Maracay en una hora y media. Ahora puede tomar cinco o seis horas, debido a los muchos accidentes que ocurren en la estrecha autopista.

Un vuelo Maiquetía-Barquisimeto, que el miércoles debió salir a mediodía, aterrizó en suelo larense pasadas las 8:00 pm.

Rentar un chárter es cada vez más difícil y costoso. La inflación es la más alta del mundo. La responsabilidad de quienes pueden mejorar la comunicación entre ciudades parece escasa.

Aunque las escuadras recibieron un espaldarazo con dólares preferenciales, no hay garantía de que eso vaya (o deba) ocurrir en el futuro. Hay que buscar el modo de acomodar las cargas en estos nuevos tiempos, al menos mientras volvemos a tener un país normal. Rechazar esto sería terquedad.

El punto está en si lo aprobado es la mejor solución. La eliminatoria será más costosa, al aumentarla a 70 juegos. Las taquillas que no se ganen en el round robin semifinal serán compensadas sólo parcialmente por algunos encuentros adicionales en la fase regular.

El dinero a repartir en los playoffs será menor, porque no hay modo de garantizar las 40 taquillas que se cobraban en el todos contra todos. Habrá menos gastos, es verdad, pero una empresa posiblemente se sostenga mejor sobre las ganancias potenciales que en los ahorros posibles.

Sigue siendo vital que la eliminatoria termine el 28 de diciembre, no el 29, aunque quizás sea imposible, al tener que apiñar más encuentros en un lapso casi igual.

Sigue luciendo descorazonador que un elenco derrotado en una serie todavía pueda ser campeón.

Y es triste la perspectiva de que ya en noviembre haya un clasificado, pues el sistema aprobado significa el pase matemático para los campeones de ambas mitades.

Queda tiempo para ajustes. Que sea por el bien de nuestro beisbol.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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