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El extraño y tristísimo caso de José Tábata

Que levante la mano quien dijo en 2011 que José Tábata hacía mal al firmar un acuerdo multianual por seis temporadas y 15 millones de dólares con los Piratas.
 
Pasa cada vez que un joven venezolano cambia seguridad financiera por una parte del dinero que podría recibir en el arbitraje o como agente libre.
 
Ocurrió cuando Víctor Martínez firmó con los Indios su primer convenio multianual, se repitió con Tábata en 2011 y con Salvador Pérez y los Reales, poco después.
 
Sucedió hace meses con Martín Pérez, cuando amarró su futuro a los Rangers. Con cada uno de esos casos han surgido críticas de aficionados que consideran un sacrificio innecesario lo hecho por esos peloteros.
 
Los agentes piensan en el riesgo de las lesiones, la veleidad del desarrollo deportivo, el pájaro en mano.
 
Los fanáticos piensan en el sacrificio de hoy y la riqueza del mañana, la proyección inevitable, el ciento volando.
 
Es un error evaluar esas decisiones como si estuviéramos todos en un jardín, dispuestos a ver germinar la semilla recién colocada en algodón húmedo.
 
Las caraotas de nuestros hijos verán la luz, extenderán sus hojas al cielo y crecerán como nuevas plantas, porque eso es lo que ocurre cuando se siembra una semilla en las condiciones ideales. El desarrollo de un pelotero, en cambio, es imposible de prever.
 
¿Necesitamos más ejemplos? Marco Scutaro era un utility de ligas menores cuando su carrera llegaba a la mitad, pero terminó siendo el camarero titular de un equipo ganador de la Serie Mundial. Rafael Betancourt se convirtió en cerrador más cerca de cumplir los 40 años de edad que de los 30.
 
También pasa lo contrario. El zurdo Pérez recibe de los Rangers su salario en forma íntegra, a pesar de que no soltará una pelota hacia el home antes de mayo o junio de 2015. El contrato que le consiguió su agente resultó ser un acierto. Garantizó su futuro, a pesar de las lesiones.
 
Tábata también cobrará todo su salario, que este año es de 3 millones de dólares y que incluye 4 millones por 2015 y 4,5 millones más por 2016, independientemente de que esté en las mayores o en triple A.
 
El anzoatiguense fue sacado del roster de los Piratas y puesto en waivers esta semana. Pittsburgh se cansó de esperar por los extrabases que no llegaron y tiene un santo nuevo en la capilla, el prospecto dominicano Gregory Polanco..
 
Nadie tomó a Tábata en waivers. Habrían tenido que tomar también lo que queda de su contrato, demasiado dinero por alguien que hasta ahora sólo ha bateado para ..275/.338/.380 en cinco campañas en la gran carpa, con 17 jonrones y 47 robos en total.
 
El venezolano tampoco se declaró agente libre, como hace días sí lo hizo Edgmer Escalona. El lanzador no tiene mucho que perder y sí ganará mucho, de aparecer alguna oferta; el jardinero renunciaría a los más de 10 millones de dólares que le quedan por cobrar si opta voluntariamente por su libertad.
 
¿Fueron tontos en Pittsburgh, allá por 2011? Al contrario. Tábata era un reputado prospecto en las menores de los Yanquis, que apenas llegó a los bucaneros ligó para .299/.346/.400 en 2010, a los 22 años de edad, con 19 estafas en 102 juegos.
 
En ese momento, el criollo era un valor en desarrollo, potencial súper estrella. El poder florece a los 24 o 25 años de nacido, salvo excepciones apellidadas Pujols o Cabrera, y lo enseñado era suficiente como para correr el riesgo.
 
¿Qué pasó con Tábata? ¿Fueron los difíciles episodios familiares que debió vivir hace algunos torneos? ¿No se desarrolló como se preveía? ¿Perdió motivación? ¿Simple mala suerte? ¿O acaso está a punto de despegar y necesita respirar un nuevo aire, vestir un uniforme diferente?
 
El toletero derecho no cumple todavía los 26 años de edad y probablemente volverá a tener una oportunidad, con los bucaneros o con otra divisa. Quizás pueda resarcirse y crecer al nivel de las expectativas. Aquellos números de 2010, que determinaron el contrato de 2011, no se consiguen por casualidad.
 
Andrés Galarraga se desarrolló tarde. Llegó a las mayores con 24 años de edad y su primera temporada completa fue a los 26. Melvin Mora, Scutaro, Betancourt, son muchos los casos de tardío florecer.
 
Hoy la gerencia de Pittsburgh se debate en interrogantes: ¿Qué pasó, realmente? ¿Por qué este outfielder está en las menores y no en el próximo Juego de Estrellas?
 
Mientras aguardamos por una respuesta que quizás llegue y quizás no, queda una certidumbre: esos contratos multianuales para las figuras jóvenes en ascenso son un riesgo para todas las partes.
 
Son una apuesta que a veces unos ganan, otros pierden, y que en ocasiones como esta nos dejan con un inevitable sinsabor.
 
Twitter: @IgnacioSerrano
www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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