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Sí hay esteroides en nuestra pelota, ¿qué hacemos ahora?

Uno. Sí hay dopaje en la pelota venezolana. Desde 2008, 45 criollos han dado positivo entre las menores y la gran carpa. En esta década, al menos cinco peloteros, incluyendo un bigleaguer, fueron descubiertos en el uso de sustancias indebidas por el Instituto Nacional de Deportes. El dato corresponde a fuentes de alto nivel en la LVBP. No hubo castigo ni publicidad.

 Dos. Los equipos lo saben y el tema se planteará en febrero. Los jugadores también lo saben. Uno de los grandeligas nativos con más tiempo de servicio dijo, en conversación fuera del grabador con un periodista de trayectoria, que una altísima cantidad de jugadores en nuestro circuito incurren en dopaje, porque los controles se han relajado o simplemente ya no se hacen.

 Tres. Esto no hace que toda hazaña sea sospechosa. Mientras no haya una prueba que señale lo contrario, los jonrones de Alex Cabrera son lícitos. De lo contrario, habría que sospechar de todos: de Mario Lissón, que acaba de imponer un tope personal de 12 cuadrangulares; de Jesús Aguilar, que nunca había bateado como en la 2013-2014, y así sucesivamente.

 Cuatro. La política antidopaje en Venezuela ha evolucionado, no necesariamente para mejor. Luego del positivo de Wiklenman González por anfetaminas, en 2005, las autoridades prefirieron mantener en reserva los nombres de los infractores y limitar los castigos a una serie de charlas de orientación sobre los peligros que conlleva el abuso de las sustancias que mejoran artificialmente el rendimiento deportivo.

 Cinco. Los medios de comunicación, periodistas y analistas deportivos jugamos un papel crucial, que no estamos cumpliendo. Está bien llamar a la calma respecto a quienes lanzan acusaciones sin pruebas. Está mal mirar al otro lado, cuando ya ha trascendido algo tan grave como que varios positivos han sido ocultados, incluyendo a un grandeliga. Una cosa es no sembrar sospechas injustas. Otra distinta es ser cómplice o hacerse el tonto.

 Seis. Los esteroides dan fuerza, resistencia y la posibilidad de hacer un swing más veloz. La hormona de crecimiento humano mejora la vista, rejuvenece la musculatura y el cuerpo en general. Ambos ayudan decisivamente a alargar la juventud de quien consume. Basta de afirmaciones irresponsables: una inyección no hace magia, pero inyecciones, más pesas y buenas condiciones naturales pueden convertir a un deportista competitivo en un súper atleta.

 Siete. La ley confiere al ministerio del Deporte la tarea de llevar a cabo los controles. Al menos dos altos ejecutivos aseguran que los exámenes se han reducido a cero y parece posible que en la 2013-2014 no se hayan realizado despistajes.

 Ocho. La liga no tiene presupuesto ni incumbencia en este asunto y los costos son prohibitivos, por los reactivos necesarios para los despistajes y porque los laboratorios quedan en sitios tan distantes como Cuba, Argentina o Canadá.. MinDeporte tiene la palabra.

 Nueve. La presencia de una atleta de alta competencia en el ministerio del Deporte puede ser la mejor ayuda para paliar estas irregularidades. Ninguna otra autoridad en el Ministerio o el IND conoce tan bien como Alejandra Benítez los peligros y los riesgos éticos que trae consigo el dopaje.

 Diez. El atleta que se dopa sistemáticamente se arriesga a severos desórdenes de salud. Por eso es vital tratar de cuidar de sí mismo al infractor. Los deportistas no son gladiadores, cuya longevidad importe poco. Al mismo tiempo, quien se dopa hace trampa, le quita un puesto a quien no se dopa, mancha el legado de las leyendas y la integridad del juego. ¿Hacen falta más motivos para corregir esta situación?

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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