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El emergente

Buddy Bailey no parece haber causado el encono de la fanaticada aragüeña ni se le achacan muchas culpas por haber quedado fuera sus Tigres. Tuvo sus fallos, por supuesto, y ya se sabe que los pilotos son los primeros responsables del triunfo o el fracaso de su escuadra. La demora que ha tenido la directiva aragüeña para ratificar públicamente el contrato del estadounidense en los años recientes ha hecho pensar a algunos que su cargo está permanentemente en duda.

En realidad, se trata de un caso complejo, tanto como lo es la personalidad de este estratega, el más exitoso en la liga en el último medio siglo, a pesar de ese carácter adusto que ha llegado a ser criticado por peloteros y periodistas. ¿Cuánto pesó Bailey en la eliminación de esta vez? La miríada de lesiones que sufrió su tropa le exculpa en buena parte. Entre octubre y diciembre estuvieron fuera por períodos de entre dos y diez semanas muchos jugadores importantes, como los infielders Héctor Giménez, Luis Hernández, Ronny Cedeño, Ramón Castro, Luis Maza y Carlos Colmenares, los pitchers Seth Etherton, Justin Hampson, Josh Wilkie, Yorman Bazardo, Horacio Estrada y Francisco Buttó, y los catchers Guillermo Rodríguez y Miguel Pérez. Otros faltaron todo el año, por el mismo motivo: el grandeliga Wilson Ramos, nada menos, y los lanzadores John Will García y José Rada.

Por razones familiares perdieron varias semanas Edgardo Alfonzo y Josmil Pinto, el catcher que estaba llamado a dar un paso al frente en ausencia de Ramos. Wilfredo Ledezma no pudo reportarse, al firmar en Japón. Y el bigleaguer José Mijares y el también monticulista Omar Poveda, que iba a ser uno de los abridores, optaron por no jugar. Bailey, seamos honestos, nunca tuvo un equipo completo y aunque en todo balance final sea necesario hallar fallos, a fin de aplicar correctivos, sería mezquino pensar que otro timonel no habría sufrido el mismo destino que el norteamericano. Uno de los sellos de Bailey es su manejo del pitcheo. Su táctica en la ofensiva es bastante conservadora, pero su agresividad con los lanzadores es proverbial y ha resultado decisiva para que exhiba seis coronas y dos subcampeonatos en los últimos 10 torneos.

El problema es que para aplicar su guión, necesita contar con suficientes brazos, pues parte de ese libreto incluye dar días de descanso regularmente a sus relevistas. Las lesiones y ausencias dejaron al estratega sin la abundancia necesaria para seguir sus propias reglas. Algunos bomberos se sobrecargaron de trabajo, otros no rindieron lo esperado y al final no hubo modo de enderezar el rumbo. El otro sello del técnico es su personalidad. Y es aquí donde puede estar el quid. Bailey fue puesto allí, precisamente, para que pusiera orden en la revuelta cueva de la campaña 2001-2002. Lo hizo y empezó, además, una dinastía.

Tiene el apoyo de Rafael Rodríguez Rendón, gerente general, y nada indica que haya perdido su gracia. Lo que muchos parecen desconocer es que Rodríguez Rendón no es el único que toma las decisiones en Aragua. Hay directivos y fuerzas importantes que en el pasado han planteado contratar a otro manager, aludiendo el carácter del actual. Al menos en una ocasión se contactó a otro piloto como "plan B", pero eso no cuajó. Salir entonces de Bailey era tan injusto y quizás contraproducente como lo es ahora. Su carrera ganadora es un aval. Entre sus errores quedará haber decidido que Sergio Pérez no debía venir en la 2012-2013, pero es mucho lo que le debe la franquicia. Nos queda la impresión de que en Maracay sigue siendo la primera opción para dirigir. Si es así, merece esa oportunidad.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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