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El emergente

Hace una semana quedaron fuera los Tiburones. ¿Tiempo suficiente para pensar en frío? Es de esperar que vengan cambios en la temporada 2013-2014, pero ¿cuáles deben ser los ajustes? ¿Qué realmente se hizo mal y qué corresponde al infortunio? Algunos aspectos decisivos en la eliminación están atados a la mala suerte. No era previsible que Grégor Blanco terminara siendo uno de los outfielders titulares de la Serie Mundial. La bujía indiscutible de los salados apenas pudo reportarse en diciembre y disputar 17 juegos. Igual sucedió con Héctor Sánchez, que por ir al clásico de octubre sólo pudo aparecer 21 veces en el lineup de La Guaira.

Son bajas cruciales para cualquiera. Tampoco es achacable a la directiva que el también bigleaguer Rafael Ortega, sustituto natural de Blanco, tuviera un año apenas bueno, pero no más que eso. Ni que José Martínez, una de las noticias positivas de la campaña anterior, tuviera una línea de .275/.315/.373, sin poder embasarse mucho y casi sin extrabases. El equipo que ahora quedó fuera tuvo estas carencias respecto a su versión precedente, lo que parcialmente justifica el bajón. Es bastante obvio, hoy, decir que el mayor problema de los litoralenses fue su pitcheo, no la ofensiva. En cierta medida, sin embargo, el panorama cambió poco respecto a la 2011-2012, en la que los escualos también tuvieron la peor efectividad colectiva, pero se colaron en la final. Aquello creó un espejismo que llevó a creer a la afición y a una parte de los medios que la tropa de Marco Davalillo estaba muy cerca del dar el último paso para obtener el ansiado título. Sí y no.

La organización está en su más sólido momento, contando los últimos 20 o 25 años, con una granja en plena producción y un organigrama coherente, que incluye a Jorge Velandia como eje y cuenta con varios apoyos hacia arriba y hacia abajo en la cadena de mando. Hasta hace poco, ninguna de estas condiciones existía y es deseable mantenerlas. Los Tiburones tienen la base para rebotar y aspirar de nuevo, aunque ciertamente tienen aspectos que atacar. La Guaira fue uno de los elencos que más y mejores importados trajo. Uno de los problemas fue que algunos no rindieron lo esperado, como siempre sucede, y la merma de Les Walrond resultó grave, en este sentido, pues dejó a Tyson Brummett demasiado solo en la rotación. El otro problema parece haber sido de planificación.

El comando salado seguramente sacará un aprendizaje de su estrategia para la zafra, en la que tuvieron a C. J. Retherford, Darin Ruf, Alex Castellanos y Scott Van Slyke, verdaderos astros, cuando tal vez era necesario tener más brazos que apoyaran un staff que venía de cerrar con efectividad sobre 5.00 en la justa precedente. La gerencia fue agresiva, al tratar de remediar ese fallo en plena carrera, adquiriendo a Mauricio Robles, Frank Mata, Jesús Delgado y Eduardo Figueroa, pero únicamente Robles rindió lo exigido. Sí, fracasaron Jeanmar Gómez, Edgmer Escalona, Junior Guerra, Alberto Bastardo, Gregory Infante y Anthony Ortega, el "mejor" entre esos seis, con 4.60 de efectividad. Pero es muy posible que el exceso de trabajo de las primeras semanas haya recargado de tal modo al bullpen, que lo aplastó por cansancio.

Los relevistas salados tiraron 328.1 innings contra apenas 219.0 de los abridores, las peores cifras del torneo. Ese dato no es cualquier cosa. Davalillo merece continuar al frente y posiblemente deba revisarse la dependencia por Oscar Salazar, ya con cuatro temporadas seguidas bajando sus números. Pero lo fundamental es cambiar la realidad actual del pitcheo, para así cambiar el destino de la divisa.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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