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El día en que Pittsburgh soñó con José Tábata

José Tábata es el vivo ejemplo de que ser un predestinado no es garantía de triunfo en el beisbol.

El jardinero anzoatiguense acaba de firmar un contrato para jugar con los Tigres de Quintana Roo, en México. Fue dado de baja por los Dodgers de Los Ángeles, a pesar de que todavía le están pagando los 4,5 millones de dólares que su contrato estipulaba para 2016.

¿Alguien recuerda cuando firmó con los Piratas de Pittsburgh ese convenio multianual? Fue en 2011, cuando apenas daba sus primeros pasos en las Grandes Ligas.

Desde entonces, los bucaneros y los esquivadores han sido responsables de entregarle 14,75 millones de dólares. ¿A cambio de qué?

Tábata era un súper prospecto, un tiro al piso, una estrella esperando resplandecer.

“No siempre puedes asegurar a tus jóvenes figuras”, declaró hace seis años Neil Huntington, gerente general de los filibusteros. “Estamos muy emocionados de haberlo podido hacer en el caso de José. Es una de las piezas alrededor de las cuales vamos a construir este club”.

Huntington dirigía entonces una escuadra perdedora. Estaba por vivir la epifanía de descubrir el nuevo análisis, ese toque sabermétrico que tan bien ha sabido llevar con el manager Clint Hurdle.

Con o sin nuevo análisis, el nativo de El Tigre no podía fallar.

Tenía 21 años de edad en 2010, cuando bateó para .299, con 19 bases robadas en 102 juegos. Podía defender las tres praderas exteriores. El futuro le pertenecía.

Problemas personales, un matrimonio fallido, crisis de seguridad, quién sabe qué descarriló al oriental. No jugó más en la LVBP, por querer cuidarlo en exceso, pero fue extinguiéndose en el norte, poco a poco. Quizás eso también influyera en su declive. Era tan joven. ¿Qué mal podría hacerle el temple de la pelota invernal?

Es bueno su average de .275 en seis torneos arriba. El problema es que nunca pudo desarrollar fuerza, perdió empuje como robador y no se embasó lo suficiente para poder ayudar con eso que llaman “beisbol pequeño”. Su línea en las mayores se completa con un OBP de .336 y .377 de slugging. Nada que impresione.

Hay historias que sorprenden, predestinados que no pudieron con la etiqueta. El mejor bono que ha recibido un venezolano por firmar, Adonys Cardona, no ha podido pasar de Clase A, tras más de un lustro de esfuerzo; las lesiones y los boletos se lo han impedido. Jesús Montero está estancado en Triple A. Jackson Melián tuvo una linda carrera en Venezuela, pero le faltó la gran carpa.

A Tábata le quedaban tres opciones en su contrato. Habría ganado otros 22,5 millones de dólares, de haber mantenido su proyección. Esa cantidad se esfumó con el humo dejado por las llantas del avión que aterrizó en México, donde tratará de recuperar su carrera.

Cuántas expectativas.Fue uno de los principales talentos jóvenes de Baseball America y Baseball Prospectus en 2007, 2008, 2009 y 2010. No son muchos los venezolanos con cuatro figuraciones distintas en esos escalafones anuales.

¿Está acabado? Magallanes cree que no y su intención de jugar en Quintana Roo habla de su renovado deseo de mantenerse en los diamantes. En agosto cumplirá 28 años de edad. Necesita empezar a dar extrabases y volver a estafar almohadillas. Quién sabe.

Ni siquiera ser un predestinado garantiza el éxito en el beisbol.

 

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com

 

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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