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El desafío de Omar López y Henry Blanco

Henry Blanco y Omar López debutarán como managers en la pelota venezolana, en octubre. Ambos han dicho ya que su meta va más allá de clasificar. Quieren la corona y es lógico. ¿Quién entra en una competencia sin el deseo de ser campeón?
 
No es imposible que alguno de ellos termine alzando el trofeo, bien porque los Bravos conquisten su primer cetro o porque los Caribes completen la tarea que casi terminan en enero pasado.
 
En la actual generación de estrategas venezolanos existe un piloto que lo ha hecho en su año de estreno. Ese dirigente, además, ganó también la Serie del Caribe en 2006, siendo un novato. Fue Carlos Subero.
 
Está visto, pues, que no es una tarea inalcanzable, aunque sea improbable.
 
El requisito mínimo que exigirán Margarita y Anzoátegui a sus nuevos timoneles es lograr la clasificación, tener récord positivo y dar la batalla. ¿Qué suerte correrán Blanco y López?
 
Ya forman parte de una cofradía. Será apenas la tercera vez en los últimos 20 años que dos mandamases hagan su ópera prima en un mismo torneo.
 
Eso ocurrió en la campaña 1999-2000, con Luis Dorante y Rodolfo Hernández, y pasó de nuevo en la 2005-2006, con Subero y Edgar Alfonzo, una justa que tuvo la particularidad de ver la insurgencia de un tercero, Luis Sojo, quien sustituyó al despedido Phil Regan y completó la temporada como manager-jugador.
 
Al menos 15 técnicos criollos han tenido en sus manos, oficialmente, las riendas de un equipo de la LVBP en las dos décadas que han transcurrido desde el debut de Luis Salazar, ocurrido en la zafra 1994-1995.
 
No contamos a quienes no han completado al menos una ronda eliminatoria, interinatos como los de Antonio Armas con el los Leones, Rouglas Odor con Navegantes y Caribes, Russell Vásquez con los Tiburones, Luis Aponte con Oriente, Flores Bolívar con La Guaira o Gregorio Machado con Magallanes y Margarita.
 
Tampoco incluimos a quienes fueron despedidos a medio camino, sin recibir hasta ahora un segundo chance, como Álvaro Espinoza o Jesús Alfaro. Espinoza espera tener una nueva oportunidad con los Tigres, en la 2014-2015. Pero aún falta su firma.
 
Con todos esos casos, la lista crecería hasta más allá de lo que buscamos precisar.
 
Y lo que buscamos precisar, por lo pronto, es cuán complicado o no puede resultar, en los hechos, la tarea de dirigir en Venezuela por primera vez.
 
El tema es largo y le dedicaremos varias entregas, comenzando con esta.
 
Algunos timoneles están predestinados. Algo así como Blanco con los Bravos.
 
Salazar es un caso emblemático, en ese sentido. Figura indiscutible de los escualos y uno de los grandeligas nativos más admirados en los años 80 y 90, era sólo cuestión de esperar por su retiro para verle escribir el lineup de los litoralenses a diario.
 
El anzoatiguense tuvo su experiencia iniciática hace exactamente dos décadas y no tuvo suerte. Los Tiburones habían iniciado su peor etapa, Pedro Padrón Panza había caído enfermo y la Guerrilla estaba en desbandada.
 
Aquella eliminación marcó una pausa en la carrera de Salazar como piloto. Retomaría el oficio aquí en la 1999-2000, cuando ya escalaba posiciones en el norte como instructor. Durante cinco campeonatos trató de terminar con la sequía de los suyos. Dos veces avanzó a los playoffs, únicamente. No pudo celebrar.
 
No todos los que hicieron la transición hacia la oficina en los años 90 corrieron con la misma suerte, aunque a Alfredo Ortiz tampoco le fue como esperaban los aficionados aragüeños, que también ansiaban verle al frente de la novena, luego tenerle por un largo período como coach en la institución.
 
Ortiz se estrenó en la 1995-1996, en sustitución de Eddie Rodríguez, y no sólo puso a los bengalíes en la semifinal, con un buen remate; su escuadra quedó a sólo un triunfo de ir a la final.
 
El ex outfielder tuvo otras cuatro oportunidades. En dos de ellas avanzó a los playoffs. Fue despedido en la 1999-2000, en medio de una crisis de resultados, y más nunca ha dirigido en la LVBP.
 
La actual generación de pilotos, sin embargo, apenas estaba empezando. Venían en camino los Dorante, Alfredo Pedrique y Omar Malavé.
 
Lo mejor estaba por comenzar.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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