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¿Qué nos depara el escándalo de Biogénesis?

Jesús Montero y Francisco Cervelli, caretas criollos / AP-AFP

Jesús Montero y Francisco Cervelli, caretas criollos / AP-AFP

Elescándalo por dopaje del laboratorio Biogénesis, que salpica a Venezuela através de dos de sus bigleaguers, parece un caso más complejo que aquellos queantes mancharon la gran carpa.

Losantecedentes más cercanos pudieran ser los casos del laboratorio BALCO, en SanFrancisco, y Signature Pharmacy, en Orlando, la década pasada.

Ambos tambiéninvolucraron nombres señeros.

BarryBonds, Jason Giambi, la atleta olímpica Marion Jones y otros muchos se doparonsistemáticamente con la ayuda de BALCO, como quedó comprobado (de todos los implicados,Bonds fue el único que aseguró haberse dopado sin saberlo, bajo supuestoengaño, por lo que posteriormente fue condenado por obstrucción a la justicia).

Troy Glaus,Rick Ankiel, Jay Gibbons y Gary Matthews Jr. fueron los peloteros más reconociblesen la investigación de Signature Pharmacy, que también involucró a una clínicasimilar a Biogénesis, el Centro de Salud y Rejuvenecimiento de Palm Beach.

Hay unadiferencia crucial en esta oportunidad, una diferencia que no debe dejarse a unlado, en respeto al derecho de toda persona a ser considerada inocente hastaque se compruebe lo contrario.

Tony Bosch,director de Biogénesis, ha decidido colaborar con la investigación de lasgrandes ligas y va a declarar contra sus antiguos clientes, para evitar unademanda multimillonaria.

Unaveintena de nombres ha surgido desde que en febrero el diario Miami New Times destapara el escándalo,entre ellos los carabobeños Jesús Montero y Francisco Cervelli, quienes deinmediato negaron haber adquirido sustancias dopantes.

Laaparición de Alex Rodríguez y Ryan Braun entre los sospechosos dio un girocrucial al asunto, por su estatus y porque ya en el pasado dieron positivo pordopaje.

A-Rod, eljugador mejor pagado de todos los tiempos, admitió consumir esteroides a supaso por los Rangers, hace una década, y Braun se libró de una suspensióncuando, hace poco más de un año, un árbitro independiente decidió que hubofallos en la cadena de custodia de la muestra de orina (fallos que, de acuerdocon las máximas autoridades en la lucha antidóping del movimiento olímpico estadounidense,no comprometían el resultado final del examen, aunque eso fue suficiente paraque el árbitro absolviera al patrullero).

En estaocasión, y a falta de ver cómo evoluciona la investigación que lleva a cabo laoficina del comisionado Bud Selig, sólo están la palabra de Bosch y lo reveladopor el New Times.

Sin pruebascontundentes, habrá que dar el beneficio de la duda a los peloteros.

ESPN.com aseguró, citando fuentes de las mayores, queSelig se dispone a suspender a una veintena de grandeligas sobre la base de loque diga Bosch, pero es de prever que un árbitro independiente volverá a fallaren contra de la MLB. Para probar un crimen no basta con la declaración de untestigo; también es necesaria una pistola humeante.

Sirva estecomplejo caso para recordar la razón primera de la lucha contra el dopaje: másque combatir la trampa, que también importa, lo capital es proteger la salud delos deportistas.

No es éticodejar que se conviertan en gladiadores, que arriesguen su cuerpo para ganarnuestros aplausos y su salario.

Tambiénsirve para recordar que la Era de los Esteroides no ha terminado, sino que haevolucionado. La brutal confesión del ciclista Lance Armstrong, meses atrás, esla principal demostración de que es posible doparse sistemáticamente duranteaños, sin ser descubierto.

Lo únicoauspicioso en este nuevo escándalo es que, al menos, la gran carpa parecedispuesta a plantar cara contra este flagelo. Eso sí, que exponga las pruebas.

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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