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¿Está en crisis el beisbol venezolano?

Gerardo Parra caminaba por el Yankee Stadium, sintiéndose a sus anchas. Corría el mes de julio de 2008 y el zuliano todavía no llegaba a las mayores. Aquel domingo, sin embargo, bebía una taza tibia de felicidad.
 
Parra era uno de los 10 venezolanos presentes en el Juego de Estrellas del Futuro de ese año. Nunca habían sido seleccionados tantos criollos como entonces ni han vuelto a ser llamados tantos a partir de ese momento.
 
Lo más granado de nuestra generación emergente se congregó en la vieja casa que construyó Babe Ruth, cuyo cierre estaba por ocurrir, ante la inminente inauguración del nuevo Yankee Stadium.
 
Elvis Andrus y Pablo Sandoval estaban invitados. También Jesús Montero, Carlos Carrasco, Héctor Rondón.
 
Es la única vez desde la creación del Juego de Estrellas del Futuro, en 1999, que ha habido más jugadores criollos que dominicanos en la cita que reúne a los mejores talentos emergentes.
 
¿Qué ha pasado desde aquel cénit? ¿Cómo es posible que únicamente dos hayan sido llamados el año pasado y que sólo tres vayan a subirse al avión que volará a Minnesota, el próximo 13 de julio?
 
Sumando las últimas dos ediciones apenas llegamos a la mitad del contingente que fue convidado en 2008, hace poco más de un lustro.
 
¿Está en crisis la pelota local? ¿Cruje la producción de nuevos valores, como crujió en Puerto Rico desde finales de los años 90, cuando comenzó el declive que ha puesto a la Isla del Encanto en minusvalía regional?
 
No deja de ser un detalle sugerente que esta vez estén llamados siete boricuas al Target Field. No sólo los nueve quisqueyanos superarán el contingente local.
 
Esto ocurre en plena era dorada de las firmas del 2 de julio. En los últimos cinco años aquí se ha repartido más dinero, y se han detectado más talentos sobresalientes, que en los 15 anteriores, por más que los recién firmados deban competir contra un pelotón a cuya cabeza corre el mismísimo Miguel Cabrera, quien dio el salto en 1999, al precio de 1,6 millones de dólares.
 
Algo anda mal, probablemente. Pero es, al mismo tiempo, una paradoja.
 
Una paradoja, porque nunca habíamos tenido más academias privadas para formar peloteros adolescentes y preadolescentes.
 
Una paradoja, porque los principales especialistas en el seguimiento de las nuevas firmas, desde Alexander Mendoza y Jonathan Mayo, hasta Ben Badler, coinciden en que varios de los principales bonos en el Caribe serán entregados en Venezuela.
 
Una paradoja, porque más de un millar de compatriotas viven del beisbol profesional en al menos cuatro continentes, repartidos incluso en lugares tan exóticos como Alemania o Taiwán.
 
Si hay una crisis en nuestra pelota, y ciertamente hay amenazas, está en la base de la pirámide. Y puede corregirse.
 
Hace apenas 15 años, la mayoría de las organizaciones de Grandes Ligas hacían vida en el centro del país. Más de 20 bases de trabajo y formación nutrían la por entonces joven Venezuelan Summer League.
 
La crisis social y económica despobló ese necesario semillero. Hoy, apenas son cinco las divisas con campamento aquís (Tigres, Filis, Marineros, Rays y Cachorros) y llegaron a ser cuatro, hace muy poco. Apenas meses atrás se hablaba de un cierre del circuito.
 
Los clubes de la gran carpa se fueron marchando, muy a su pesar. La tremenda inseguridad personal, causada por la delincuencia desatada; los vaivenes económicos y, en general, los sacudones de todo tipo que vivimos los habitantes de esta tierra de gracia, hicieron que la mayoría de las escuadras prefiriera trasladar sus actividades a Dominicana.
 
Vean qué triste contraste: cuando los Astros, por ejemplo, tenían su base en el país, contaban con decenas de empleados y una treintena de jugadores, porque sin una cantidad así es imposible tener una novena y tomar parte de la VSL.
 
Al mudar sus operaciones a Quisqueya, quedaron decenas de obreros, coaches y trabajadores desempleados, y ya no fue necesario para Houston firmar a una treintena de jóvenes cada año, pues bastaba con llevarse a Santo Domingo a los cuatro o cinco mejores, esos que eran vistos por los scouts como los de mayor talento.
 
Si la base de la pirámide es más ancha, la punta es más elevada. Si la base reúne más gente, es más probable que se cuelen candidatos que, de otra forma, no tendrían el modo de demostrar que merecen una oportunidad en el norte.
 
Esto no es retórica. Uno de los aspirantes rechazados por los Astros en los años 90 consiguió un chance en el campamento de los Medias Blancas y con el tiempo se convirtió en súper estrella.
 
De haber vivido su historia hoy, aquel caso posiblemente habría tenido que dedicarse a otra cosa, no a jugar beisbol. Pero Chicago, como otros elencos de las mayores, podía darse el lujo de apostar por alguien que no prometía mucho. Después de todo, había un roster que llenar con 30 nombres.
 
El de ese muchacho que soñaba en grande era Magglio Ordóñez. ¿Cuántos como él se están perdiendo, porque no tienen modo de desarrollarse en una liga competitiva, ante la mirada de técnicos que les harán trascender en las menores?
 
Sí, el problema es mucho más complejo que estas pocas líneas y tiene varias lecturas. Pero hay una relación directa entre la agonía de la VSL y ese pequeño grupo de prospectos que ha representado a Venezuela en los últimos dos juegos de estrellas del futuro.
 
Twitter: @IgnacioSerrano
www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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