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El complicado caso de Eliézer Alfonzo

Eliézer Alfonzo perdió la calma, el sábado, debido a un insulto que le espetaron desde las tribunas. Así aseguró. Por eso, salió del terreno y fue a hacer justicia por sus manos.

 

El episodio fue evaluado esta semana por la directiva de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. Alfonzo recibirá suspensión y multa.

 

Dentro del circuito, hay quienes opinan que es una conducta inaceptable, meterse entre el público a pelear. Pero hay quienes consideran también la existencia de atenuantes, al haber sido aludida entre improperios la madre de Alfonzo.

 

En el ínterin, sufre el espectáculo. Se resiente la imagen del pasatiempo nacional. Se divide la opinión pública, con la exigencia de un castigo ejemplar.

 

Alfonzo, como todos, es un ser humano, susceptible a perder la cabeza. No es una justificación, pero es entendible. Y también es fácil de entender la petición de una pena mayor.

 

El propio pelotero seguramente estará de acuerdo con que merecía una recriminación, como prevé el código de ética de la LVBP, instrumento que está a disposición de clubes, jugadores, fanáticos y medios de comunicación. Una normativa que, por cierto, fue aprobada por las ocho divisas, antes de su implementación.

 

Pero cabe aquí una consideración. Todo acto de violencia tiene que ser sancionado de tal modo, que invite a la colectividad en pleno a no ejercer más la violencia.

 

Si la suspensión es de dos o tres encuentros, es decir, casi la pena mínima, es probable que no se logre el efecto buscado. Si vale tanto meterse en las tribunas como un desplante a los umpires, es posible que continúen estos episodios, sobre todo porque las multas no son escarmiento, ya que suelen ser pagadas por las novenas y no por los amonestados.

 

Esto no es un alegato en contra de Alfonzo, a quien conocemos como alguien cordial y de buen trato. Aquí importa menos la anécdota que el futuro y el ejemplo que se deje sentado.

 

Porque no es la primera vez que esto pasa. Hace algunas temporadas, Randall Simon tomó las tribunas por asalto, Raúl Chávez respondió agresiones del público también arrojando cosas y algunos peloteros han hecho gestos procaces delante de las cámaras de televisión, sin que se detenga esta seguidilla. Hasta el propio presidente de la liga fue vituperado por un pelotero.

 

Hay que parar con los ataques verbales o físicos desde las tribunas. Quien compra una entrada tiene derecho a pitar, pero no más. Tiene que hallarse el modo de retirar a esos personajes de los parques, cuidar a los protagonistas y al espectáculo que amamos.

 

También debe sancionarse de modo ejemplar a quien pierda la cabeza. El país entero lo está viendo, ese país que tanto necesita la siembra de valores positivos, el destierro de la violencia, la gallardía de saber que todos competimos en respeto y buena lid.

 

Ese, y no otro, es el mejor aporte que puede hacer nuestra pelota a la Venezuela noble y mejor que anhelamos.

 

Por último, no desestime la directiva liguera evaluar su política de silencio al tratar los castigos. La vergüenza de saberse en los medios de comunicación y en boca de la gente es un recurso de inapreciable valor para que no se repitan los hechos que todos queremos desterrar para siempre de nuestra LVBP.

 

Twitter: @IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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