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El cambio que intenta la LVBP

 Hubo un tiempo, hace no tantos años, en que el calendario del beisbol venezolano disponía de suficientes días libres como para que nadie se preocupara por los aguaceros.

 Un tiempo en el que las barras aplaudían y cantaban, pero no insultaban, preferían las burlas amistosas.

 Hubo un tiempo, hace relativamente poco, en que los playoffs se disputaban sin sobresaltos, había una pausa antes de la final y la serie decisiva tenía descanso después de los juegos dos y cinco, para dar reposo al pitcheo y facilitar la mudanza de una a otra ciudad.

 Un tiempo en el que las grandes ligas no ordenaban a sus jugadores abstenerse de actuar en su propio país y los locutores en cada estadio se limitaban a su papel: anunciar al público quién estaba en acción, quién entraba y quién salía, sin aspavientos y sin pedir a las multitudes que apabullaran moralmente a los contrarios.

 Algunas de esas cosas cambiaron porque el país cambió.

 Este no es un tratado de sociología, pero no hay que ser científico social para admitir que en Venezuela hay más violencia, más estrés, más miedos debido a la delincuencia, las colas en las calles y otros desvelos que mejor no citar.

 Es una tarea pendiente que tenemos como colectivo. La LVBP trata de acometer la que le corresponde, y un paso en esa dirección fue la redacción de las nuevas condiciones de campeonato.

 Un mes tardó la directiva del circuito en publicar el resultado de la Convención Anual, tiempo en el que se revisó, corrigió y detalló lo más novedoso del articulado.

 ¿Están satisfechos los propulsores del cambio? Posiblemente no. Muchas cosas se lograron, otras no.

 El calendario sigue siendo asunto pendiente. Desde que el round robin semifinal creció de cuatro a cinco equipos, en paralelo con el adelantamiento de la fecha de la Serie del Caribe, que alguna vez comenzaba el 4 de febrero y ahora lo hace el día 1°, enero se ha comprimido peligrosamente.

 La novedad es que la final tendrá dos fechas de descanso, pero se hará a costa de que no haya pausa entre la semifinal y la serie decisiva. Es una variante algo engañosa, además, porque si es necesario desempatar el round robin, tendrá que hacerse el 22 de enero y la final volverá a tener sólo un día de pausa.

 A la postre, sirvió de poco comenzar antes la eliminatoria, el 10 de octubre, porque los equipos no se pusieron de acuerdo para terminar antes la fase regular o modificar los playoffs.

 Tal vez en la próxima convención aparezca la solución tan necesaria, sobre todo porque en 2015 la Serie del Caribe será en el extranjero y no habrá respiro entre un eventual séptimo decisivo el 30 de enero, estructurar un equipo, volar a Puerto Rico el 31 y estar a tiempo en la inauguración del torneo regional, el 1° de febrero.

 Hay mucho que analizar. Entre las novedades, es positivo el comité de apelaciones, idea concebida por el anterior presidente de la liga, José Grasso, que ahora es en un hecho. Era justicia que los amonestados pudieran apelar ante una instancia superior e independiente de la directiva.

 También hay normas más específicas y duras en contra de los animadores, mascotas y grupos musicales, que estarán obligados a respetar a los peloteros de todos los clubes y tendrán que callar por completo cuando el pitcher entre a la caja, una conducta de sentido común que no siempre se cumplía.

 Las nuevas condiciones necesitan más cambios, pero el comienzo es auspicioso.

 Ya volveremos sobre el tema, pero algo queda claro: al igual que lo que ocurre en nuestra sociedad, nada mejorará si no se aplica la norma; si los encargados de hacer cumplir la ley, los umpires, miran a otro lado o callan cuando deben hablar.


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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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