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El buen ojo de San Francisco

No es casualidad. El debut de Albert Suárez en las Grandes Ligas es una prueba más de que San Francisco tiene un ojo especial. Un ojo que a menudo busca la próxima piedra angular entre los cantos desechados. Un ojo que ha mirado a Venezuela de manera especial, al buscar el próximo hallazgo.

Suárez llegó a ser prospecto en otra buena organización, hábil por su capacidad para desarrollar talentos, Tampa Bay. Se lesionó y perdió dos temporadas en un momento crucial para la carrera de un joven pelotero, recién pasada la veintena.

En la LVBP le recordamos como una promesa del Magallanes, que apenas asomó en un puñado de encuentros, antes de lesionarse. Y luego, le recordamos como la frustrada adquisición del Caracas, que esperaba contar con él a largo plazo en su rotación, y apenas recorrió unos pocos innings con ese uniforme.

El derecho perdió el estatus de otrora. Se convirtió en un veterano más, lo que en la pelota organizada se llama journeyman, algo así como el viajero, un jugador que va de granja en granja, ofreciéndose para dar profundidad a una divisa, con el tibio sueño de algún día recuperar el camino a las Grandes Ligas.

Los Gigantes han desarrollado una filosofía de trabajo que pone atención en hallar a quiénes tienen la habilidad suficiente para florecer, entre esas piedras previamente desechadas, y ayudar arriba, a pesar de sus antecedentes.

Así llegó Jean Machí a las mayores, cuando estaba por cumplir los 30 años de edad. Durante un tiempo, fue el relevista intermedio más seguro del manager Bruce Bochy.

Así hallaron a Ryan Vogelsong, que reencontró su carrera en la LVBP, con La Guaira, y del Universitario saltó al AT&T Park, para convertirse en un muy adecuado abridor en la MLB.

Así encontraron oro en Grégor Blanco, el seguro patrullero central, que antes de llegar a la bahía había sido el futuro imposible de varias organizaciones, incluyendo Atlanta y Kansas City. Blanco es, posiblemente, uno de los mejores cuartos jardineros del beisbol.

Así redescubrieron a Yusmeiro Petit, que hasta implantó un récord de ceros consecutivos, luego de que casi todos en la gran carpa le perdieran la fe, tras rebotar espectacularmente en Margarita.

Así llegaron Suárez y Gorkys Hernández al último Spring Training, en Arizona.

Hernández ha sido campeón bate en Venezuela, todavía corre y tiene un guante privilegiado. Hoy está en Triple A, pero si hay un sitio donde puede levantar sus acciones, es ese donde juega hoy.

Ambos journeymen tomaron el mismo vuelo de Albuquerque a Sacramento, la semana pasada, de regreso de una gira en la Liga de la Costa del Pacífico. A poco de aterrizar en casa, otro criollo le dio la noticia al lanzador, señalándole que no debía desempacar, pues seguiría camino a San Francisco.

El vocero fue José Alguacil, manager de la principal sucursal del conjunto californiano. Porque el lazo que une Venezuela con los colosos incluye a varios técnicos que han ayudado decisivamente a buscar talentos en estas tierras, como Alguacil o Lipso Nava, piloto en Clase A avanzada, o scouts como Jonathan Arráiz, que le abrió la brecha a todos ellos.

La brecha y el ojo. Porque Arráiz, Alguacil, Nava y todo el departamento de desarrollo de los Gigantes son parte crucial de esa buena mirada que mantiene San Francisco sobre Venezuela.

 

Twitter: @IgnacioSerrano

www.elemergente.com

 

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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