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¿Quién no batea de noche?

Miguel Cabrera tardó un mes y 10 días para conseguir su primer extrabase de la temporada en juegos nocturnos. No el primer jonrón. Su primer extrabase. 

La tabla fue histórica. Ocurrió este viernes y con ella igualó al gran Andrés Galarraga en el liderato jonronero de todos los tiempos para los venezolanos.

También fue simbólica. La reseña del juego realizada por la agencia The Associated Press, publicada tanto en ESPN.com como en los principales portales en inglés, dedicaba la primera línea de la crónica a resaltar el hecho: “Finalmente, Miguel Cabrera brilla de noche”.

Lo natural es que las estrellas brillen de noche. Y el aragüeño, metáforas aparte, ciertamente lo es, lo cual le da un toque divertido a todo lo que se ha dicho sobre la insólita sequía que sufrió el inicialista.

Cabrera llegó al histórico choque en San Luis con números inesperados. Su línea ofensiva era de .471/.543/.912 en cotejos diurnos, con 1.455 de OPS. En cambio, era de ..158/.314/.158 con .472 de OPS bajo la luz artificial.

Con sol, Barry Bonds recién salido del laboratorio Balco. Con luna, Mario Mendoza con dolor en el hombro derecho.

¿Tendrá un problema de la vista?, preguntaron aficionados y analistas. Aquellos santotomases olvidaron una máxima del beisbol, que Cabrera probó cierta el viernes: a largo plazo, este deporte impone sus promedios.

La pelota es única. Por más largo que resulte un campeonato de fútbol en Europa, su calendario se redondea en unos 40 juegos. La fase regular de la NFL, el fútbol americano, es apenas de una decena de compromisos. En la MLB, en cambio, son 162. Tan larga, que hasta el comisionado Rob Manfred ha comenzado a hablar de reducirla.

Esa extensión es lo que hace único al beisbol, en muchos sentidos. Por ejemplo, porque se juega todos los días, lo que no ocurre con ninguna otra práctica deportiva, ni siquiera con el baloncesto (las eliminatorias de la NBA tienen la mitad de los topes que se disputan en los diamantes).

Esa regularidad, jugar un día tras otro, tras otro y otro más, permitió a inversionistas de Wall Street alertar que, al igual que los vaivenes de la bolsa de valores, la actuación de los peloteros a menudo responde a ciertas constantes, lo que crea tendencias y la posibilidad de hacer vaticinios.

Es una de las bases sobre las que se construyó la sabermetría, creada “formalmente” en 1972, con el nacimiento de la sociedad que le da nombre al nuevo análisis del juego.

Es también la razón por la que con Cabrera sólo es cuestión de esperar.

El nativo de Maracay no va a batear para .471 en topes diurnos por el resto del campeonato. Esa cifra bajará, hasta situarse en la vecindad de sus promedios vitalicios.

Tampoco mostrará un average de .158 en duelos nocturnos al terminar la ronda regular. Pasará lo mismo: la media se impondrá.

Lo curioso es que, antes de esta racha, Cabrera siempre fue un poco mejor de noche, con una línea de .304/.386/.539 en 630 juegos, más .925 de OPS, contra otra de .329/.403/.577 y .980 en sus 1.225 salidas de noche.

¿Qué necesita lentes? ¿Con esa encandilante iluminación que existe en las Grandes Ligas?

Mejor preparémonos para disfrutar de cómo, a partir de ahora, emparejará su rendimiento. Porque eso, en su caso, significará una descarga de bombazos nocturnos.

Twitter: @IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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