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El bajón de Miguel Cabrera

 

La culpa es de Miguel Cabrera, que tiene malacostumbrados a los aficionados, a sus colegas peloteros y a los medios de comunicación.

Cuando el aragüeño cayó en un slump, a comienzos de julio, algunos hasta aseguraron que el paleador derecho ya no era el mismo.

Cabrera llegó a tener un average de .289, lo que ciertamente es poco para alguien con .320 de por vida. Lo que le hermana con otras leyendas es su rara capacidad para batear con poder y para promedio, como en su momento Babe Ruth, Lou Gehrig, Ted Williams y Stan Musial.

El venezolano formará en breve, junto a esos cuatro inmortales, el rarísimo club de toleteros con al menos 400 jonrones, 500 tubeyes, 1.500 empujadas, 1.000 bases por bolas, 2.500 hits y .320 de average.

Ya no estamos hablando de logros a determinada edad. Estamos hablando de cifras acumuladas, de números que no comparten, por ejemplo, Hank Aaron, Willie Mays ni Barry Bonds.

La tarea que casi todos dejan incompleta es el average. Aaron y Mays apenas cerraron unas milésimas por sobre .300; Bonds se retiró con .298 y Alex Rodríguez va por .295, bajando antes del adiós.

El colega Octavio Hernández hizo un descubrimiento interesante, al publicar esta semana la enorme frecuencia con que los pitchers contrarios están trabajando al aragüeño con rectas de dos costuras.

Es un lanzamiento incómodo, cuando es bien ejecutado. Equipos enteros han tratado de hacer que sus lanzadores sustituyan la recta de cuatro costuras, más veloz, por este otro envío, que al romper vigorosamente hacia abajo obliga a más roletazos.

Cabrera puso fin al slump con ocho hits entre miércoles y viernes, incluyendo el cuadrangular con el que alcanzó a Mike Piazza en el escalafón de todos los tiempos. Además, completó 1.500 empujadas.

Pero el jueves, aunque le dio bien a la pelota, largó cuatro cohetes por el piso. ¿Una señal de adaptación?

El nativo de Maracay ha pasado antes por momentos de baja productividad, como este. Pero después de ganar la Triple Corona y el primero de sus cuatro títulos de bateo, pareciera que cualquier parpadeo se hiciera más ruidoso.

A la prensa, al público y al beisbol en general nos llegará la hora de ver el declive del mejor bateador venezolano de todos los tiempos.

Ruth, Mays, Aaron, Williams, todos tuvieron que recorrer el camino que lleva al adiós. La edad, los cambios que ocurren en el cuerpo, dictan una pauta imposible de evitar, sobre todo cuando no es fácil acudir a las sustancias prohibidas, esa fuente de la juventud que favoreció a muchos en las décadas de los años 90 y 2000.

Cabrera, con 34 años de nacido, está más cerca de ese momento, lógicamente. Le quedan seis, tal vez ocho campañas en las mayores.. Eso es casi la tercera parte de lo que ya ha recorrido.

Físicamente está bien, lo que explica sus 19 cuadrangulares (y contando). El problema, advirtió su manager Brad Ausmus, estaba en la incomodidad que se le veía al hacer swing.

“Ahora luce fácil, sin esfuerzo”, resumió Ausmus, tras el octavo hit.

Esa ha sido la principal característica del mejor Cabrera desde que completó su madurez como bateador: es un natural.

Vendrán nuevos desafíos y más años de edad. De la adaptación dependerá cuán lejos llegará como temible aporreador. Mientras llega ese momento, disfrutemos el presente, que todavía dura.

 

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com


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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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