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Los Tigres, entre el éxito y la decepción

¿Cuál es el balance de los Tigres, luego de caer estrepitosamente en la semifinal? 

¿Fue un éxito haber terminado en la segunda posición de la ronda eliminatoria? ¿O es un fracaso, visto desde la obvia perspectiva de que el objetivo en octubre era alzar la copa en enero?

Hay un hecho irrebatible: tras dos eliminaciones consecutivas, esta edición de Aragua fue una fiesta. Si se contrasta con la dinastía y las seis coronas, sabe a poco. Pero si se contrasta con los tropiezos que precipitaron el despido del manager Buddy Bailey, el resultado es positivo.

Los felinos cambiaron la cara. Volvieron a ser un equipo competidor. Salvo por el patinazo en noviembre, que llevó al despido de Luis Sojo, siempre estuvieron en la tercera posición y cerraron segundos.

Su lineup fue clara prueba de ese rostro renovado. Contar al mismo tiempo con Avisail García, Wilson Ramos, Eduardo Escobar, Yangervis Solarte y Josmil Pinto, todos grandeligas, y unirlos a la tan largamente esperada explosión de sangre nueva, a través de Renato Núñez, Teodoro Martínez y Wilmer Flores, más la consolidación de Goyito Martínez, debería ser motivo de satisfacción para técnicos, directivos y aficionados.

Tiene mucho significado que los bengalíes se metieran a la postemporada sin que guerreros como Héctor Giménez o Alex Romero resultaran decisivos. Al contrario, aquellos compensaron el lento inicio de estos. La transición se dio y se dio bien, pese al manejo poco simbólico y hasta traumático de los casos de Víctor Moreno y Francisco Buttó, emblemas de la divisa, dejados ir sin ceremonia y sin muestras de afecto.

La nueva gerencia fue agresiva en su búsqueda de otra imagen. Fue muy activa en el mercado de cambios, casi siempre con tino. Avisail y Freddy García, Escobar, Argenis Díaz y Ronald Belisario contribuyeron. Y si bien la importación resultó mayormente incolora, tuvo una rotación extrajera estable, con Doug Mathis, Chris Smith y Jason Lane de principio a fin. Eso, en este beisbol, no tiene precio. Los resultados lo ratificaron.

Los despidos de Moreno y Buttó, así como la forma en que se manejó la casi contratación de Álvaro Espinoza y la baja de Sojo; el riesgo de darle un juego ceremonial al ministro Antonio Álvarez, para que completara su ciclo en la liga, o el usar en diciembre, en plena lucha por los puestos del draft, a un joven amateur con 16 años de edad, Álvaro Mejías; todas esas cosas dan peso al otro plato de la balanza.

Al final, hasta hubo suerte: el episodio del Potro Álvarez salió bien y la derrota de Briceño no ocasionó daño. De resto, el desplome del pitcheo en los playoffs difícilmente no se verá como infortunio, porque la gerencia tomó cuatro lanzadores en el draft, justamente para reforzar esa área que a la postre no respondió.

El último out de un equipo eliminado siempre deja decepción y tristeza entre sus seguidores. Pero Aragua deja también una grata impresión. Tiene mejores lanzadores de lo que sugieren los resultados. La generación que encabezan Edgar Ibarra, Jorge Rondón y Alejandro Chacín es mejor que sus números aquí y todavía faltan prospectos para entrar en acción.

El futuro vuelve a sonreírle a los Tigres. Está en ellos convertir este pequeño oasis en otra seguidilla.

Twitter: @IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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