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Evaluando el cambio entre los Bravos y los Tiburones

Algunos cambios de peloteros tienen una lectura más obvia que otros. Pero nunca una transacción de este tipo carece de justificación para los equipos que los pactan.

Los Tiburones tienen un año a la búsqueda de pitcheo criollo y han agregado media docena de brazos en diversos cambalaches.

Los Bravos se plantearon en algún momento reforzar sus jardines, luego de la salida de Frank Díaz.

He aquí entonces que La Guaira sale de Anthony Ortega, el viernes, para añadir bateo, y Margarita se desprende de René Reyes, que era el último mohicano entre los bateadores de fuerza más experimentados en la divisa.

¿Qué gana cada quien con este acuerdo? ¿Qué pierden, al salir de dos veteranos?

Ortega nunca ha dejado de ser un brazo interesante, desde que crecía en las menores de los Ángeles. Las lesiones descarrilaron su vía a las mayores, donde apenas pudo sacar un puñado de outs, pero esta temporada lanzó en triple A y tiene 28 años de edad, señales de que aún pueden quedarle innings en el hombro derecho.

Hace tiempo que no tenía un papel importante en el bullpen de los salados, mayormente por los problemas físicos, pero incluso en plena 2013-2014, estando sano y disponible, tenía apenas tres relevos en más de cuatro semanas de ronda eliminatoria.

¿Es uno de esos monticulistas capaces de marcar diferencia, como sería Fernando Nieve, estando saludable, o Renyel Pinto, ahora con los litoralenses? No, en principio. Pero quizás sí pueda ser un relevista a usar en los innings intermedios, mientras demuestra a sus nuevos patronos que está en capacidad de pedir una mayor responsabilidad.

Su ausencia de los campos ha sido tan larga en el último lustro, que no es mucho lo que se puede escarbar entre sus estadísticas. Tiene un punto medianamente esperanzador: ponchó a 7,1 rivales por cada 9 innings en triple A, esta campaña.

Tiene un punto que invita al pesimismo, al unirse a su historial de lesiones: entregó prácticamente una base por bolas por cada dos entradas y apenas guillotinó a 1,69 bateadores por cada boleto concedido en las menores.

El Stadium Nueva Esparta es el lugar ideal para subir al morrito y es posible que le ayude el cambio de aire. No es una gran pérdida para los Tiburones, si se toma en cuenta lo poco que era usado por ellos. Está por verse cuánto rinde en su nueva casa.

Reyes es un pelotero mucho más predecible. Ya no está en el pináculo de su carrera, que en más de una ocasión le llevó a las mayores y le hizo ser un toletero temible en este circuito, con su mayor momento de gloria en aquella final en la que ayudó a los Tigres a ganar a los Leones, disparando batazos de vuelta completa y apabullando a sus ex compañeros.

Es ambidiestro y en el peor de los casos puede ser una ayuda desde la banca. Sus casi 36 años de edad recuerdan que está más cerca del retiro que Ortega, al menos en teoría, pero su desempeño en México es esperanzador. Allá tiene siete torneos seguidos sobre .300 y en esta última ocasión dejó una línea ofensiva de .322/.410/.498.

El margariteño es mucho mejor de lo que temen algunos fanáticos pesimistas. El punto de discusión es saber cuánta falta hacía en la cueva derecha del Universitario, un parque que favorecerá su bateo, sin dudas. Con César Suárez, Rafael Ortega, Javier Herrera y Cafecito Martínez en los jardines, más la importación, no pareciera haber una necesidad manifiesta en La Guaira.

Pero viendo que la pieza entregada por él no era considerada fundamental por los salados, quizás sean más los beneficios de contar con Reyes.

Su presencia, además, puede servir para preparar un nuevo cambio que permita agregar otro brazo.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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