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Rubén Quevedo, la estrella que soñaban los Cerveceros

Un joven grandeliga de apenas 22 años de edad fue adquirido por los Cerveceros en 2001, en un movimiento que fue celebrado en Milwaukee, pese a la poca experiencia del muchacho.

 

Rubén Quevedo era todavía una gran promesa cuando los Cachorros de Chicago le enviaron a los lupulosos, a fin de adquirir al veterano relevista David Weathers a mitad de temporada.

 

Weathers fue un buen pitcher, de esos que muchos equipos buscan añadir en julio, pensando en octubre. En esa zafra dejó 2.41 de efectividad en 80 juegos y en total lanzó durante 19 campañas en las Grandes Ligas.

 

El nuevo club de Quevedo esperaba que el valenciano también pasara largo tiempo en las mayores, que fuera figura del staff.

 

“Llega para ensanchar la rotación en los años por venir”, celebró un analista.

 

El venezolano estaba en las menores, al momento de la transacción, pero ya tenía una campaña en su hoja de servicios en la MLB, pues agotó su justa de novato con los oseznos, en 2000.

 

Para ese entonces, únicamente cinco criollos habían debutado en la gran carpa con 19 o 20 años de edad: Wilson Álvarez, Richard Garcés, el Látigo Chávez, Miguel Ángel García y Manuel Sarmiento.

 

Quevedo tenía 21 cuando llegó al Wrigley Field, lleno de sueños.

 

Todavía Carlos Zambrano estaba formándose en las menores. Según Baseball America, el Toro era el prospecto número 3 en la organización y su compatriota le seguía como el número 4.

 

“Quevedo suelta la pelota de manera casi casual, con una sedosa acción del brazo”, decía el reporte de los scouts, meses antes de su estreno con los Cachorros. “Lo que el bateador ve como una bola rápida decente, llega a 92-94 millas por hora, frecuentemente en la mitad interior del home, donde Quevedo trabaja con la precisión de quien clava alfileres”.

 

“Su curva es fuerte y tiene un buen cambio de velocidad”, cerraba el informe. “Son lanzamientos secundarios de calidad, que puede lanzar en strike”.

 

Ese fue el pitcher que conoció fugazmente la pelota criolla. Nunca le dejaron lanzar sin trabas con el Magallanes, por su estatus ascendente en el norte, y su juventud impidió que fuera más dominante. Pero el carabobeño mostró todo su potencial en la postemporada del campeonato 2000-2001.

 

Abrió cuatro encuentros en aquel todos contra todos, con 1.37 de efectividad y un juego completo. Su WHIP fue de 0.87. Promedió casi 7.0 innings por salida. Por último, tiró 13.1 entradas en la final contra Aragua, a cuya toletería dejó en dos carreras merecidas, y celebró la corona en el centro del diamante con sus compañeros de la nave.

 

Quevedo fue ese brillante monticulista. Sus números antes y después dicen poco, y poco duró en las Grandes Ligas, en buena medida por un desmedido sobrepeso que ya alertaba Baseball America antes de su salto: “Debe revisar sus hábitos alimenticios, antes de que estos lo saquen del morrito”.

 

Ya en 2005 había perdido el estatus de bigleaguer. Luego vinieron las lesiones en el hombro, ¿potenciadas por el sobrepeso? Por último, intentó volver a la LVBP con los Tigres, y lo logró fugazmente, en 2008.

 

Este es el talentoso valenciano que nos deja entre lágrimas. Querido por sus compañeros, a menudo sonriente y de buen ánimo, terminó su carrera antes de tiempo, como antes de tiempo terminó su vida, apenas a los 37 años de edad.

 

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com


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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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