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Rob Dibble, José Altuve y la banalización del antidopaje

Rob Dibble no se dio a conocer en el beisbol por su inteligencia. Subió a las mayores por una recta de 100 millas por hora y formó parte del legendario trío llamado los Nasty Boys, los relevistas que condujeron a los Rojos de Cincinnati al título en la Serie Mundial de 1990.

No supo, Dibble, adaptarse a los cambios. Confiado en el poder de su lisa, esperaba reinar mucho tiempo entre los cerradores de su era.

Tuvo tres sólidas campañas, algunas lesiones y 4,5 bases por bolas por cada nueve innings. Únicamente disputó siete campañas en las Grandes Ligas.

Impetuoso como pelotero, siguió siéndolo en su actual rol de comentarista. Una vez debió pedir perdón por soltar frases despectivas sobre un grupo de mujeres en el estadio de los Nacionales. Otro día criticó ácidamente a Stephen Strasburg, porque pidió descanso al sentir molestias.

“Cálatela, muchachito”, fue lo que más o menos le dijo a Strasburg. “Escogiste ser pelotero, esta es tu profesión”.

Al poco de aquel episodio, el as de Washington fue sometido a la cirugía Tommy John, Dibble volvió a disculparse públicamente y fue despedido por la cadena MASN Sports.

Ese personaje, recordado por sus peleas en los diamantes y sus imprudencias verbales, es comentarista hoy de los Ángeles de Los Ángeles. Es el mismo que cuestionó la ética de José Altuve y le vinculó sin pruebas con los esteroides.

Hay confusión con el episodio. Dibble reaccionó a unos comentarios del comisionado Rob Manfred sobre el incremento de los jonrones en la actual temporada. Pero Manfred no cuestionó al venezolano. El ejecutivo aseguró que la MLB tiene una rigurosa política antidopaje (lo que es cierto), quizás la más estrictas del planeta (algo no tan cierto) y que los nueve casos positivos eran una prueba de eficiencia (debatible, pero no necesariamente incierto).

“Sí, claro, Altuve daba 5 o 7 jonrones por temporada ¿y ahora tiene 14 en 89 juegos?”, escribió en Twitter el ex cerrador, el 12 de julio. “¿Que no hay dopaje? Por favor”.

Algunos medios mezclaron los pareceres de ambos personajes y Manfred terminó manchado por algo que no dijo.

Es necesario ser ingenuo o no haber cubierto deporte de alta competencia mucho tiempo para defender ciegamente a los atletas. Este columnista no pone sus manos en el fuego por nadie, ni siquiera por los más reputados y queridos jugadores. Si han actuado limpio, bien por ellos. Si han hecho trampa, irá en sus conciencias.

La semana pasada recordábamos las muchas veces que defendimos a Alex Cabrera de los rumores de una parte de la fanaticada, mientras no diera positivo en un examen. Finalmente, dio positivo por estanozolol en México y por Adderall en Venezuela. La historia cambió.

Decir que Altuve es un ejemplo de posible dopaje sólo porque está dando más jonrones es tan tonto como defender a alguien automáticamente. Dibble habla por hablar, como tantas veces en su carrera, y de ese modo le causa un perjuicio a la lucha antidopaje, si acaso le interesa impulsarla.

Por cierto, Babe Ruth dio un jonrón cada 29 turnos a los 23 años de edad, mejoró a uno cada 15 a los 24 y llegó a uno cada 9 con 25 años de nacido, la edad que tenía Altuve al comenzar la campaña. 

Es mejor remitirse a los hechos probados, antes que quedar en ridículo por dejarse llevar por un impulso.

 

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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