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Ramón Ramírez y las apuestas de La Guaira

Anoten a Ramón Ramírez en la lista de lanzadores con que los Tiburones han tratado de atacar un problema crónico para el club. Una lista donde están Gustavo Chacín, Renyel Pinto, Alberto Bastardo, Frank Mata, Sergio Escalona y Jesús Delgado.
 
Desde que Bastardo llegó de Margarita, hace un lustro, son evidentes los intentos de la gerencia por mejorar el staff con serpentineros experimentados, otrora dominantes.
 
Los resultados no han sido los esperados. Pero acá vamos, nuevamente. Las exigencias de un campeonato en marcha obligan a hacer movimientos.
 
Hay motivos para la esperanza. El derecho es un guerrero, que ayudó a los Caribes a conseguir la corona hace cinco torneos y tiene experiencia en Grandes Ligas.
 
Cuenta 32 años, una edad en la que no necesariamente debería surgir una calamidad, aunque pase por el lógico declive que vive todo deportista de alta competencia.
 
También hay motivos para el escepticismo. Desde mediados de la 2013-2014, no tiene un papel importante en la tribu. ¿Por qué? ¿De qué modo puede influir eso en su desempeño con los salados? Además, en los años recientes le ha costado lanzar con dominio en el estadio Universitario y a partir de la campaña 2011-2012 su efectividad ha fluctuado entre 4.37 y 6.45.
 
Su último desempeño fue en la Liga Bolivariana. Pero justo antes de eso, abrió ocho encuentros en México, un circuito de bateadores, y tuvo marca de 4-1, con 2.82 de promedio.
 
Con Bastardo en libertad, Chacín en rehabilitación desde la pretemporada y Pinto ausente en las primeras cinco semanas, los Tiburones necesitan que esta jugada funcione. No es la clave para lograr la corona, pero sí puede ser un movimiento que empiece a dar estabilidad al cuerpo de pitcheo.
 
Es necesario contar con abridores criollos que aporten. La dinastía de los Tigres, el bicampeonato del Magallanes y las últimas coronas de los Leones han coincidido con brazos nativos desde el primer inning. Eso permite usar la importación para reforzar el bullpen o complementar el lineup.
 
Pero la tropa guairista tiene una razón adicional para encontrar en el diestro al Ramírez de sus mejores noches: el precio entregado por él.
 
Kendy Batista ha sido una promesa, hasta ahora incumplida. Anda en 6.55 de efectividad esta temporada y todavía no consigue la gran forma de la 2011-2012, antes de ir al quirófano.
 
Batista bien vale Ramírez. Después de todo, en Anzoátegui están apostando también porque el cambio de aires ayudará al relevista. La clave está en la pieza adicional del paquete: Johan Puello. Pieza necesaria, por la rayectoria de Ramírez.
 
Es muy joven, con 20 años de edad. No ha lanzado aún en clase A de temporada corta. Está en la primera fase del desarrollo, un momento de alta impredictibilidad.
 
Puello ponchó más de un hombre por inning este año, aunque en sólo 14 relevos. Ha exhibido tendencia al descontrol, pero ha mejorado sus promedios en los tres torneos disputados fuera del país, cerrando en 2014 con 1.24 de WHIP, 5,7 hits por cada nueve episodios y ningún jonrón, con 1.69 de efectividad.
 
¿Lanzarán bien Batista y Puello en Puerto La Cruz? El tiempo dirá. Pero al otro extremo de la transacción, La Guaira necesita con urgencia que este cambio funcione. Y que funcione ya.
 
Twitter: @IgnacioSerrano

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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