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El Panda en Fenway

Dos preguntas se plantean desde el lunes analistas y aficionados respecto a Pablo Sandoval: ¿Por qué Boston? ¿Y cómo impactará en su desempeño jugar en el Fenway Park?

Para lo primero hay pistas. La duda es razonable, porque los Gigantes igualaron la oferta de los Medias Rojas. La decisión de dejar al equipo de toda su vida no se debió al dinero ni a la duración del contrato. ¿Entonces?

Un asunto de impuestos, aseguró un reporte. Puede ser. O el deseo personal de probarse en un mercado grande, con la presión de tener a los medios de comunicación sobre sí y ser parte de la rivalidad con los Yanquis. Quizás. O la posibilidad de vivir en la costa este, a pocas horas en avión de su casa en Florida y su familia en Venezuela. Plausible.

Los californianos, en realidad, perdieron al Panda en marzo. Cuando le ofrecieron sólo tres años de contrato y ataron las negociaciones al temor que existe respecto a su peso corporal, firmaron la tarjeta de despedida al más carismático pelotero que ha pasado por la organización en la era post Barry Bonds.

Aquello era razonable, pero también fue un gesto de desamor.

Suspender las conversaciones hasta después de la Serie Mundial terminó siendo una apuesta fallida: si el venezolano tenía un año discreto, no conseguiría el convenio que estaba exigiendo. Saldría más barato. Y bien, tuvo una campaña discreta, pero con una postemporada estupenda y una Serie Mundial clamorosa. Su valor creció.

Así llegamos a noviembre. El último out de la temporada cayó en el guante del hombre que ahora es noticia. La foto en la que se deja caer hacia atrás, jubiloso, es un afiche súper vendido en San Francisco.

La jugada fue también la tapa que cerró el frasco donde guardó su trayectoria con la novena que le firmó al profesional, donde fue catcher y primera base, antes de convertirse en uno de los mejores antesalistas defensivos de las mayores.

Con el Panda en el mercado, todo cambiaba. Quizás si Boston no se inmiscuía. O los Yanquis, el otro Midas de la MLB. Una oferta similar de Toronto o una ligeramente mejor de San Diego, como ocurrió, no resultarían tan atrayentes. Pero con la posibilidad de ser figura, más el gesto desconfiado de marzo y la tentación de ser protagonista en la mayor rivalidad del beisbol mundial, el panorama varió.

¿Cómo le irá en Fenway? Será un desafío. Si hay peloteros venezolanos hechos para manejar la presión, él forma parte del club. Pero deja una ciudad abierta, amable y entrañable, para llegar a una gran metrópolis, con las virtudes y defectos que toda metrópolis exhibe en el mundo del espectáculo: tanto entroniza como hostiliza, según los resultados.

Analistas en San Francisco advierten que es muy difícil saber realmente cuánto vale Sandoval. Será tema de otra columna. Viene de tres torneos a la baja, estadísticamente hablando, pero tiene 28 años de edad y jugará mayormente en polígonos de tiro: Yankee Stadium, Rogers Centre, Tropicana Field, Candem Yard, sin olvidar Fenway y su cercano Monstruo Verde.

Por ahora, todo es alegría y tristeza, entremezcladas; congoja de quienes guardan el afiche de aquel último out y felicidad de quienes despliegan un nuevo poster en sus paredes, ese donde el Panda luce sonreído el uniforme que tan bien vistieron Ted Williams, David Ortiz y Jim Rice.

 

Twitter: @IgnacioSerrano

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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