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El Panda en Boston, capítulo tres

Tres veces desde febrero. Tres veces ha estado Pablo Sandoval envuelto en escándalos de diverso tenor, desde que se incorporó a los Medias Rojas, su nueva organización.

Una cosa es que una parte de la prensa hable de sus promedios al batear a la derecha. Eso puede ser molesto, especialmente cuando se sufre un slump. Pero es parte del oficio de ser pelotero.

Otra cosa es estar en el medio del huracán informativo, apareciendo en los noticieros nocturnos de las cadenas NESN, CSN New England o ESPN, bien por el supuesto sobrepeso corporal, al inicio del spring training, o por el modo en que se refirió a sus ex compañeros en San Francisco, o como ahora, por distraerse y usar las redes sociales para enviar mensajes durante un juego.

Es muy probable que sea cierta la disculpa que dio el Panda: que para él sea automático buscar el teléfono y abrir su cuenta en Instagram cada vez que va al baño. Y que está apenado. Y que entiende su error. Y que aprendió algo de todo esto.

Todo eso es muy posible y más. Pero el punto crucial es otro. Se trata de ver si el carabobeño aun está a tiempo de lograr que su imagen en Boston no sea la de un pelotero díscolo, problemático, interesado más en sus cosas que en el equipo. Un Manny Ramírez redivivo y sonreído. Ver si todavía puede construir una relación sana con la ciudad y con la afición, como sucedió en San Francisco, donde en los peores momentos siguió siendo un jugador entrañable.

Era previsible que la mudanza a la costa este trajera este desafío: lidiar con los medios, ser más inteligente que sus críticos, hallar el modo de ganarse a la gente.

Depende de él mismo. Y debe empezar ya.

Twitter: @IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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