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Pablo Sandoval y sus circunstancias

Las metas de los venezolanos en 2014 (XIV)

Pablo Sandoval quiere volver a brillar. Durante el receso invernal, fue noticia por su intenso programa de preparación física y la buena forma que mostró al incorporarse al Magallanes.

Sandoval quiere un contrato multimillonario y multianual. Cuenta con que una sólida producción en 2014 le garantice el resto de su vida y el futuro de sus hijos.

Quiere marcar huella. Y en cierto modo lo ha hecho. Su apodo es célebre en las grandes ligas, es querido en San Francisco, ha ido a dos juegos de estrellas y ya fue Jugador Más Valioso de una Serie Mundial.

A pesar de ello, el carabobeño está en deuda consigo mismo, con el equipo y con la afición. En deuda por las expectativas que existen con él, debido a su potencial.

Es lógico. El Panda se estrenó bateando .345/.357/.490 al subir a las mayores y ligó para ..330/.387/.556 en su primera temporada completa, al año siguiente. En la víspera de su tercer torneo, con sólo 23 años de edad, ¿qué no podía esperarse de él?

Las lesiones, los problemas de sobrepeso y cierta inconsistencia, producto de aquellos inconvenientes, han hecho que el nativo de Puerto Cabello se parezca hoy más a un jugador normal que a una figura estelar.

Únicamente sacó 12 jonrones en 2012 y otros 14 en 2013. Son 26 en las últimas dos justas, cuando sólo en aquel 2009 de promesas botó 25, con apenas 22 años de nacido (celebró los 23 en agosto).

Pero Sandoval es mucho más que una buena historia a punto de contarse. Mucho más que una esperanza sin concretar. Además de los problemas físicos, que le han llevado varias veces al quirófano, y los problemas de peso, que le han llevado incontables veces al gimnasio, quizás es víctima de los vientos de la bahía en el AT&T Park.

El Panda es uno de los mejores bateadores criollos de todos los tiempos. Tiene una línea de ..298/.351/.476, con .827 de OPS. Pero es mucho mejor de lo que esos números indican.

Hay que contrastar sus cifras con el estadio donde juega, para encontrar la gema. Y para eso basta usar el OPS ajustado (OPS+), que compara lo hecho por cada bateador con el rendimiento promedio de la liga en cada escenario donde actúa.

Miguel Cabrera, Bob Abreu, Carlos González, Magglio Ordóñez, Víctor Martínez, Andrés Galarraga y Richard Hidalgo tienen mejor OPS que el ambidiestro porteño.

Pero he aquí el detalle: al compararlos a todos con los promedios ofensivos en cada escenario donde vieron acción, únicamente Cabrera y Abreu tienen un mejor OPS+ que Sandoval: 154 y 129, contra 126.

El tercero mejor de la historia en la expedición venezolana. Sorprendente.

El significado del OPS+ convierte el dato en algo todavía más fascinante. Al igualar el promedio de la liga en 100, todo punto por arriba o por debajo de esa marca es un punto porcentual.

Esto significa que Cabrera ha sido 54 por ciento mejor que los bateadores de su época, que Abreu fue 29 por ciento mejor que los colegas de su tiempo y que el antesalista de los Gigantes es 26 por ciento superior a los maderos de hoy.

Sólo Barry Bonds ha derrotado con comodidad los fuertes vientos que soplan desde el right hacia el home en San Francisco, y tuvo que atestarse de hormona de crecimiento humano, anfetaminas y esteroides para conseguirlo con esa facilidad.

Quizás con otro estadio como hogar, Sandoval florecería en un sempiterno miembro de Todos Estrellas. No es una mala señal, en ese sentido, que su agente haya rechazado la primera oferta que le hizo el equipo.

El OPS+ es una herramienta muy útil para evaluar a un toletero, pero no se puede esperar que los Gigantes se lleven por ese baremo para negociar con su tercera base.

Además, entre todas sus contradicciones, el Panda batea .317/.370/.500 cuando juega en el AT&T Park y .279/.332/.453 cuando sale a la carretera. Notable. Mejores promedios, aunque a costa de menos bambinazos.

No es fácil que quieran comprometerse por cinco años o más con un pelotero cuyas condiciones físicas en 2017 son difíciles de proyectar, ni es sencillo ofrecer un salario anual de 15 millones de dólares a un jonronero cuya media de cuadrangulares es 17 en sus cinco campañas completas.

Sandoval sigue siendo un caso fascinante, a pesar de todo eso. Estuvo a punto de convertirse en el tercer nativo con 100 vuelacercas antes de cumplir 27 años de edad y siempre comienza la zafra con la posibilidad de ser el campeón bate.

Todos en San Francisco están entusiasmados con lo que le han visto en el spring training y confían en que esta será, por fin, la mejor hora del Panda. Se lo debe a sí mismo. Se lo debe al equipo. Se lo debe a su afición.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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