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Oswaldo Blanco, un héroe olvidado

Casi ningún aficionado con 30 años de edad o menos sabe que fue uno de nuestros primeros grandeligas. La mayoría de los periodistas no lo vio jugar. Su nombre se ha diluido entre centenares de figuras que han llegado a las mayores después de él y año tras año consigue votos para nuestro Salón de la Fama, pero no los suficientes como para conseguir una merecida estatuilla en el templo de Valencia.

Pero, ¿en verdad tiene los méritos?

 Los numeritos de nuestra pelota son escasos e inexactos. La bibliografía es casi nula. Los archivos de imágenes son aún más pobres y casi no hay modo de recordar y resaltar las hazañas de los grandes protagonistas de este beisbol si no lograron una carrera importante en la gran carpa.

 Vean, si no, casos como los de Teolindo Acosta o Gustavo Gil. ¿Sabe el gran público de ellos? ¿Podemos decir de memoria los merecimientos que les llevaron a la inmortalidad? Pocos, muy pocos podemos.

Por eso, con ex estrellas como Blanco, siempre hay que volver a comenzar.

Blanco fue un inicialista nacido en Caracas, que pasó sus primeras campañas con los Indios de Oriente, las Estrellas Orientales y el Magallanes, una misma franquicia, pero tres equipos diferentes.

Fue uno de los peloteros más notables de su tiempo. Lo prueba su llegada a las grandes ligas, en 1970.

Hoy, son muchos los que dan el salto, 15 o más por cada campeonato. En 1970 sólo lo hicieron él y David Concepción.

En los 61 años que habían transcurrido desde el debut del Patón Carrasquel, en 1939, apenas 18 venezolanos habían llegado a las mayores. Sí, dar ese último paso era muy difícil, y el capitalino lo dio.

Es verdad que apenas jugó con los Medias Blancas y Cleveland, su otro club arriba. En esos años, únicamente Concepción, Luis Aparicio, César Tovar, Víctor Davalillo y Enzo Hernández fueron jugadores de todos los días.

 Pero en Venezuela fue otra cosa. Había que ser muy bueno para ser titular aquí, pues la cuota de importados hacía que sólo cuatro o cinco criollos aparecieran en las tarjetas que entregaban los managers a los umpires antes de la voz de playball.

En ese medio ambiente hostil, Blanco tomó más de 200 turnos en ocho zafras, un logro notable.

En la historia del circuito, eso es algo que sólo han hecho los inmortales Gonzalo Márquez (8 veces), Ángel Bravo (9), Gil (9), Camaleón García (9), Teolindo (10), César Tovar (11) y Vitico Davalillo  (12), además del futuro inmortal Robert Pérez (14) y Leonardo Hernández (10), cuyo ingreso al Salón de la Fama también ha sido injustamente postergado.

Blanco produjo. Su average de .266 dice poco y su slugging de .364 tampoco ayuda. Pero en medio de nuestras estadísticas incompletas, hay que nadar en busca de lo que hace único a un pelotero.

El caraqueño se retiró con 860 imparables, más que el Chico Carrasquel y sólo por detrás de Vitico, Teolindo, Tovar, Camaleón, Gil y Bravo. De nuevo, todos inmortales.

 Pero también combinó 370 empujadas y 1.174 extrabases, lo que otra vez le pone en una élite. Cuando dijo adiós, en 1981, únicamente Davalillo, Tovar, García y Carrasquel habían logrado tal cosa. Todos están en Valencia. Blanco aún no.

No fue un jonronero. Su tope en las menores fue de 17 cuadrangulares, aunque eso no incluye tres torneos en México, cuyos numeritos se desconocen.

A su paso por las granjas del norte dejó una línea de .283/.352/.436, con .788 de OPS.

Su caso, ciertamente, es uno de tantos candidatos que se encuentran justo en la frontera. Aquí le daremos nuestro voto, una vez más, esperando que cruce la raya y consiga la inmortalidad.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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