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Omar Infante y otras derrotas de los Yanquis

El grandeliga venezolano Omar Infante / Internet

El grandeliga venezolano Omar Infante / Internet

Los aficionados de los demás equipos deben estar de plácemes. ¿Cuántas veces ha ocurrido que a los Yanquis les quitan, en un mismo año, no uno, sino dos agentes libres?

Los bombarderos del Bronx nos acostumbraron a hacer la última oferta y quedarse con las principales estrellas disponibles desde los tiempos de Catfish Hunter, Don Gullett y Reggie Jackson, en los años 70, cuando los peloteros ganaron el derecho de declararse en libertad en las grandes ligas.

Primero fue Robinson Canó. El dominicano se marchó a los Marineros por una oferta superior, algo inconcebible, tratándose de una figura emblemática de los neoyorquinos.

Los mulos decidieron no arriesgarse con un contrato de 10 temporadas y casi 250 millones de dólares, una hipoteca que quizás meta en problemas a Seattle hacia 2020, cuando Canó esté cerca de ser un infielder cuarentón. Pero ¿por qué no aceptaron la petición de Omar Infante?

El nativo de Puerto La Cruz pedía cuatro campañas por 10 millones de dólares anuales, ciertamente mucho dinero, pero al final aceptó 8 millones anuales de los Reales, lo que indica que la clave estaba en el cuarto año del contrato, que Kansas City le garantizó y Nueva York no.

¿Vale Infante todo ese dinero? Si se mide con la campaña 2013, sin duda que sí. El anzoatiguense es un camarero seguro, por encima de la media, y viene de batear para .318/.345/.450, cifras elitescas en su posición.

No es rápido al correr, pero en tres de las últimas zafras ha terminado sobre .300, como promedios de embasado de .361, .359 y .345 en esas tres oportunidades.

Está por verse cómo evolucionará con la edad. El día después de Navidad festejará su trigesimosegundo cumpleaños, lo que indica que está completando la fase tope de un grandeliga promedio, que dura hasta los 32 o 33.

Debe haber sido ese el motivo por el que los Yanquis dudaron en igualar las cuatro justas que pedía el oriental. El físico del venezolano, delgado y ágil, puede ayudar a demorar el declive, y con los monarcas actuará la mitad de las veces en un escenario proclive a la ofensiva, el Kaufman Stadium, lejos del espacioso Comerica Park, paraíso de lanzadores (el Yankee Stadium ha podido influir todavía mejor, con sus rayas de 315 pies y sus estrechas zonas de foul).

Para Infante, es una fiesta: consiguió el contrato de su vida y se solidifica como intermedista de élite, apenas tres años después de convertirse en titular.

Para Venezuela, es un gusto, porque formará llave de dobleplays con su compatriota Alcides Escobar, uno de los mejores torpederos del beisbol.

Algo deben tener planeado los Yanquis, para mantener cara de póker y dejar ir al mejor camarero que quedaba disponible como agente libre. Porque a pesar de las firmas del receptor Brian McCaan y los jardineros Jacoby Elsbury y Carlos Beltrán, tres bates de impacto, el cuadro está hecho jirones, sin segunda base, con dudas en cuanto a la salud del campocorto Derek Jeter y sin la garantía de contar con su antesalista Alex Rodríguez, sobre quien pesa la amenaza de quedar fuera por su vinculación con el escándalo de dopaje de Biogenesis.

Eso, sin hablar de los agujeros todavía abiertos en la rotación y el bullpen, donde ya no está Mariano Rivera.

Más allá de la buena noticia que esto puede ser para criollos como José Pirela y Reegie Corona, en caso de permanecer en la organización, es probable que en el Bronx tengan un plan C.  

Quizás sí están cerca de enviar a Brett Gardner a los Rojos, a cambio del intermedista Brandon Phillips. Lo contrario puede ser una señal de problemas en 2014.

Claro que eso no es asunto de Infante. Él tiene justo derecho de celebrar.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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