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Miguel Cabrera a cara y sello

Hay dos formas de ver el contrato que Miguel Cabrera acaba de firmar con los Tigres de Detroit.

 

Es más que justo. Esa es la primera. Se trata del mejor pelotero de su generación y uno de los bateadores derechos más notables de todos los tiempos en las grandes ligas.

 

Ha recibido votos para el premio Jugador Más Valioso en todas sus 11 temporadas y ha finalizado entre los cinco más votados en cada uno de los últimos cinco años.

 

Tiene una Triple Corona, dos galardones como el mejor pelotero de la Liga Americana, tres títulos de bateo en fila y viene de liderar el circuito en average, promedio de embasado, slugging, OPS y OPS+.

 

Si Clayton Kershaw, Albert Pujols, Robinson Canó y Alex Rodríguez merecen ganar más de 25 millones de dólares, con Kershaw al frente con un salario anual de 30,7 millones, es justo que Cabrera reciba 31 millones en promedio durante cada una de las ocho temporadas adicionales que acaba de pactar con la divisa.

 

El sello de la moneda es, lógico, completamente opuesto a esa cara sonreída.

 

Firmar peloteros por tanto tiempo es un riesgo. Es imposible predecir cuánto producirá un jugador dentro de siete u ocho años, no digamos 10.

 

Ryan Howard es un fardo de enorme peso, que compromete el presupuesto de los Filis de Filadelfia, sin poder ya aportar la ofensiva que los cuáqueros esperaban de él.

 

A-Rod se convirtió en un problema para los Yanquis, que no sólo comprometieron dinero. Al no poder salir de él por ninguna vía, el aire en el clubhouse y toda la organización llegó a ser irrespirable, hasta que fue suspendido por dopaje y debió quedarse en casa.

 

Pujols tiene dos campañas sin poder batear al ritmo de lo que ofreció mientras estuvo con los Cardenales de San Luis, precisamente sus dos primeras zafras con los Ángeles de Los Ángeles.

 

Prince Fielder apenas largó 30 jonrones, la cifra más baja de su carrera, el año pasado con los bengalíes, y ha visto mermar su total de cuadrangulares en las últimas tres justas.

 

John Mozeliak, gerente general de los pájaros rojos, sigue un postulado sabermétrico, al hablar de contratos de largo plazo. Es todo un detalle, siendo Mozeliak más bien un tradicionalista, pero habla bien de cómo beneficia a una novena la unión del conocimiento pasado con las nuevas tendencias.

 

La premisa explica por qué San Luis dejó ir a Pujols: “Nunca le pagues a un pelotero por lo que ya hizo. Debes pagarle por lo que todavía es capaz de hacer”.

 

Los Tigres están pagándole a Cabrera por lo que ha sido. No hay otro modo exacto de calcular su valor. Y el toletero, pronto a cumplir los 31 años de nacido, está en el pináculo de su carrera.

 

La línea de rendimiento de todo deportista tiende a descender con la edad. Es un proceso natural.

 

Jamás ha habido un bateador de 40 cuadrangulares después de soplar las 40 velitas del pastel. Únicamente una vez en más de 100 años se ha visto a un cuarentón disparar al menos 30 vuelacercas. Y el contrato de Cabrera incluye 31 millones de dólares garantizados en 2023, cuando tendrá 40, y dos opciones a los 41 y 42, por 30 millones cada una.

 

El gran Hank Aaron, con quien últimamente comparan al venezolano, nunca pasó de 129 juegos después de cumplir 38.

 

El inigualable Ted Williams no pudo llegar a 600 apariciones en el plato después de los 33.

 

Joe DiMaggio tuvo que colgar los spikes a los 36. El incomparable Jimmy Foxx debió despedirse a los 37. Babe Ruth apenas sacudió 22 jonrones a los 39.

 

Cabrera probablemente no va a ser triplecoronado a los 40 y su línea ofensiva posiblemente estará muy por debajo de sus promedios actuales: ..321/.399/.568/.967.

 

Claro que Dave Dombrowski, presidente ejecutivo y gerente general de Detroit, lo ve de otro modo: “Miggy tiene la posibilidad de ser el jugador más importante en la historia de este deporte”.

 

Visto así, y si el tiempo le da la razón, fue un acierto ofrecer tan fabuloso acuerdo al jugador.

 

Seguirá vendiendo camisetas, fotografías souvenirs y tickets para los juegos en el Comerica Park, con el apellido de Cabrera o su rostro en millones de objetos y mercadería.

 

Mantendrá en el medio del lineup a un slugger que al menos hasta los 35 años, es decir, la mitad de lo que resta en su contrato, debe mantenerse como una de las principales fuerzas ofensivas del beisbol.

 

Sostendrá el entusiasmo de esos aficionados que hacen largas colas para dejar dinero en las arcas del equipo.

 

Continuará con Cabrera como enseña de un contendor indiscutible en la división central, por lo menos hasta 2018.

 

Y tal vez gane una o dos series mundiales en ese trayecto.

 

Si consigue cada una de esas cosas, y no hay razón para pensar que no será así, habrá pagado el valor total del contrato cuando le quede la mitad por cumplirse.

 

Y si acierta en cuanto a que el aragüeño terminará siendo uno de los jugadores más notables en la historia de este deporte, que hacia allá se dirige, tampoco estará pagando excesivamente por los últimos años del pacto.

 

Cabrera es un primera base de defensa discreta y mucho peso corporal, ciertamente. Pero también es un pelotero casi indestructible, que en 11 torneos jamás ha ido a la lista de incapacitados.

 

Williams largó 38 jonrones a los 38 años de edad y fue líder bate de la Americana a los 39.

 

Ruth sacó 34 pelotas de parque a los 38 y fue el máximo empujador del joven circuito.

 

Aaron la botó 40 veces y dejó una línea de .301/.402/.643 después de soplar 39 velitas.

 

Aún estando lejos de la Era de los Esteroides, casi nada es imposible para los mejores deportistas.

 

Buena suerte, Cabrera.

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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