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Miguel Cabrera vs. Barry Bonds, parte dos

Miguel Cabrera a los 33 años de edad es comparable con Barry Bonds a los 33 años de edad. Quedó probado en la columna de ayer. Tenía más jonrones, tubeyes, empujadas, average, casi el mismo OBP y slugging, menos anotadas, triples, robos y similar OPS.

Son peloteros de perfiles diferentes. El Bonds de 1998 era uno de los jugadores más completos de todos tiempos, con su amigo y contemporáneo Ken Griffey Jr., aunque el venezolano se defienda bien con sus cuatro títulos de bateo y la Triple Corona.

Eso vino a cuento por las palabras que el ex slugger dedicó al criollo esta semana, al ser interpelado por la prensa de Detroit, en la visita de los Marlins a los Tigres.

¿Mantendrá Cabrera la paridad? Posiblemente no. Los últimos años de Bonds fueron sus más productivos, pese a que la naturaleza manda otra cosa.

Jeff Pearlman, periodista e investigador estadounidense, publica en su libro Ámame, ódiame; la construcción de un antihéroe, que el extraordinario toletero zurdo decidió comenzar a doparse en el receso invernal de 1998, tras ver la carrera por el récord de jonrones entre Mark McGwire y Sammy Sosa.

En un capítulo narrado extraordinariamente, Pearlman describe la cena de Navidad que la familia Bonds compartió con la familia Griffey, donde el astro de los Gigantes confesó a su amigo que estaba harto de que jugadores con menos talento que ellos se llevaran las palmas y el reconocimiento, debido a los esteroides.

Griffey estuvo en contra. Pero su interlocutor llevó a la práctica su proyecto, ganó musculatura y por eso se rompió un ligamento en el codo, en el Spring Training de 1999. Ese año perdió casi 60 juegos, debido a la lesión.

Poco después entró en contacto con Balco y se hizo cliente del laboratorio. Ilegalmente (pues el consumo de agentes dopantes está penado por la ley estadounidense) tomó esteroides y hormona de crecimiento humano sistemáticamente. Así quedó probado ante el Gran Jurado. A diferencia de Jason Giambi, Marion Jones y otras súper estrellas, alegó ser inocente, con la excusa de haber tomado todas esas sustancias bajo engaño de su entrenador.

Todo eso está expuesto en los archivos del proceso legal y es contado de manera palmaria en el libro Juego de sombras, de Mark Fainaru-Wada y Lance Williams. Bonds nunca demandó ni desmintió a estos, como tampoco a Pearlman.

Es a partir de 1998 que comienza la mejor etapa de Bonds. Antes de los 34 años de nacido ya era un potencial miembro de Cooperstown, con .290/.411/.556 y 411 jonrones. A partir de los 34, ligó para .316/.505/.712, con 351 vuelacercas.

Todo pelotero debe declinar a partir de los 34 o 35. La hormona de crecimiento humano es segregada hasta los 18 o 20 años de edad. La producción de testosterona comienza a caer a los 30, por lo que también cae la posibilidad de crear músculo. Es lo natural. Nos pasa a todos.

Nadie ha dado más bambinazos que Bonds en la MLB a partir de los 34. Le saca casi un centenar de ventaja a Hank Aaron (274). Siguen luego Rafael Palmeiro (255), Babe Ruth (244) y Andrés Galarraga (230).

Esa producción irreal, contranatura, convirtió a Bonds en el rey del cuadrangular y le da números sin par, que Cabrera muy probablemente no va a alcanzar.

Bonds tiene razón, en ese sentido: nadie le llega ni cerca.

Para bien o para mal.


@IgnacioSerrano

www.elemergente.com


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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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