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¿Por qué Manny sí y Bob Abreu no?

Bob Abreu tiene 39 años de edad. Manny Ramírez tiene 41. Es bateador zurdo, un valor agregado en las mayores. El dominicano es derecho. No ha protagonizado escándalos de dopaje. Manny sí.

Al aragüeño lo han puesto como ejemplo a seguir por los más jóvenes. El quisqueyano ha sido acusado de ser un “cáncer en el dugout” por ex compañeros.

¿Y entonces? ¿Por qué Abreu permanece en Venezuela, queriendo jugar pelota, y Ramírez acaba de firmar un contrato de ligas menores con los Rangers?

Abreu no es titular en las grandes ligas desde 2011 y su última buena cosecha data de 2009. El antillano dio por perdido los últimos dos torneos y en el último lustro ha sido suspendido dos veces por consumo de sustancias prohibidas.

Tienen algo en común: son verdaderas estrellas, que han dejado atrás sus mejores días. También comparten el deseo de no colgar los spikes.

Eso es fácil de entender. Por más dinero y aplausos que hayan reunido durante dos décadas, saben que el retiro significa renunciar para siempre a hacer lo que más disfrutan, en el entendido de que Ramírez realmente haya amado jugar beisbol.

En el deporte de alta competencia, el adiós es una muerte pequeña; nunca más podrán correr a toda velocidad en un estadio de la gran carpa, jamás tendrán el placer de darle un buen batazo a un pitcheo a 95 millas por hora, ya no gozarán del olor a grama recién cortada, mientras patrullan el outfield delante de 40.000 personas.

También es sencillo de entender a quienes consideran que es la hora de pasar la página. Pero esa, en definitiva, es una decisión de cada atleta, no de los aficionados ni del periodismo.

El jardinero aragüeño ha repetido que todavía se siente en condiciones para completar esa brillante hoja de servicios, a la que le falta muy poco para ser el reporte de un miembro del Salón de la Fama.

Sólo necesita un robo para 400, 13 jonrones para 300, 44 boletos para 1.500, 51 empujadas para 1.400, 59 anotadas para 1.500 y 63 hits para 2.500.

El único jugador en la historia con esas cifras se llama Barry Bonds. Conseguirlas es como dar un paso con botas de siete leguas en el camino que conduce a Cooperstown.

Ramírez, en cambio, no tendrá esperanzas de ser inmortal, a pesar de sus 555 cuadrangulares y sus 1.831 impulsadas, debido a sus dos escándalos de dopaje y su negra reputación.

El dominicano, sin embargo, hizo algo que el venezolano no, una decisión que le ha valido este nuevo chance con Texas: aceptó ir a jugar donde fuere, con tal de alargar su carrera.

Mientras el Comedulce prefirió quedarse aquí, a cargo de sus Panteras de Miranda, apostando por un regreso en octubre con los Leones, Manny se fue a Taiwán y ahora firma de buen grado un contrato de triple A, con tal de recibir la oportunidad de volver.

Ahí está la diferencia, a pesar de no ser más joven ni ser zurdo, o carecer de una carta de buena conducta.

¿Y le irá bien? ¿Será de ayuda en su nueva organización?

El gerente general Jon Daniels fue descarnado. “Decidimos dejar un poco de lado su currículum vitae”, dijo, según ESPNdeportes.com. “Si es productivo y sentimos que encaja en nuestra cultura, le daremos una oportunidad. Si ninguna de esas cosas sale como esperamos, entonces cada quien sigue su camino y ya. No hay riesgos”.

A su edad, sin consumir esteroides ni hormona de crecimiento humano, es casi imposible que el quisqueyano pueda dar extrabases, la única razón por la que le soportaron en sus últimas divisas.

Él jura haber probado el amargo sabor del retiro y asegura tener otra actitud. Dicen que en la vida nunca es tarde. En el deporte de alta competencia sí.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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