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Luis Sojo, el sucesor de Buddy Bailey

¿Qué buscan los Tigres con su próximo manager? ¿Cuál era, exactamente, el perfil que deseaban para el timonel de la divisa?

Carlos Guillén, presidente de los felinos, finalmente dio un parte oficial este sábado. Luis Sojo, y no Álvaro Espinoza, tendrá las riendas en el venidero campeonato.

Este es un caso interesante, más allá de la disfunción que hubo en el flujo de la información.

Esta última obligará, seguramente, a una reflexión del alto mando, para evitar lo sucedido esta vez, en que la propia cuenta oficial de los centrales tildó a Espinoza de ser el “futuro manager”, con retweets del propio Guillén, fotos del ex campocorto retratado en grupo, con la gorra de la novena, y declaraciones de ambas partes reforzando la especie, antes de surgir Sojo como opción definitiva, a mediados de esta semana.

Necesario es, en el futuro, contar con una política comunicacional que impida el ruido, las marchas y contramarchas.

Pero volvamos a la pregunta inicial: ¿qué buscan los Tigres con su próximo manager, más allá de lo obvio?

Guillén dijo, apenas tomó las riendas, que hubiera ofrecido el cargo a Buddy Bailey, de no haberse ido éste con los Tiburones.

No es un sinsentido. Centenares de aficionados respetan y quieren de vuelta al estadounidense. Él hasta fijó residencia en Maracay. En los medios de comunicación le reconocen sus aptitudes. No de balde se conquistan seis coronas en la LVBP.

Bailey es reconocido por su disciplina intransigente. Exige total responsabilidad a sus dirigidos. Sonríe poco en la cueva. Pero ante los resultados, esto último no es sino una simple anécdota.

Es un hombre de beisbol a carta cabal. Profundo conocedor del juego y estudioso de los rivales. Buen evaluador de talento.

Conservador en sus tácticas, sin embargo. Muchas veces tocó la bola con su segundo bate, en el primer inning, a pesar de tratarse de un Ronny Cedeño en un buen momento ofensivo. No suele dar luz verde a sus corredores. Ordena pocos bateo y corrido. No le gusta el squeeze play.

Este ex receptor tiene una característica adicional que ha sido el catalizador de sus éxitos: su manejo del pitcheo. Nadie lo iguala. Rara vez se deja llevar por corazonadas.

Su filosofía se apoya en varias premisas: es mejor darle la pelota a un relevista antes de que exista un problema, para que tenga margen de error; se le debe quitar la pelota a los abridores justo antes de su desplome, para evitar que la pizarra se abulte; hay que alternar dos grupos de bomberos, para evitar el trabajo consecutivo y el cansancio; es menester ahorrar innings en noviembre para todavía tener buena forma física en enero.

Todo esto es posible si se tienen los brazos suficientes. Aragua los tuvo mientras duró su dinastía. No los tuvo los últimos dos años. Y está por verse si la generación de relevo da un paso al frente en la 2014-2015.

Alfredo Pedrique quizás sea el técnico venezolano que más se asemeja a Bailey. Guillén lo quería —varios equipos lo querían—, pero se operará a finales de año y no está disponible.

Es posible que Omar López siga esa escuela, porque se ha formado bajo la égida de Pedrique y hace carrera desde muy joven en Estados Unidos. Veremos si es así, cuando se estrene con los Caribes.

Con  estos antecedentes, y luego del affaire Espinoza, llega Sojo, un estratega muy conocido por la fanaticada.

Una parte de la afición sigue fiel a él, desde sus tiempos como carismático grandeliga. A otros no gusta. Es lo normal en estos casos.

Algunos lo defienden, porque ganó una corona con Magallanes, hace dos temporadas, y eso es un argumento que pesa tanto como el Clásico Mundial, donde dirigió tres veces. Otros responden que era imposible no ganar con esa nómina. Es la polémica de siempre.

Una vez le preguntamos a Sojo su opinión sobre Bailey. Hizo una larga radiografía de su colega. Al final le inquirimos qué tomaría de él, para añadirlo a su caja de herramientas, y respondió que nada. Que cada quien es cada cual, con sus propias convicciones.

Son estilos radicalmente diferentes. Eso es obvio.

Bailey aprendió a sobrevivir en el beisbol a fuerza de formarse como dirigente, porque a los 24 años de edad le dijeron que no servía como pelotero.

Sojo aplica en el dugout la misma fórmula que empleó como jugador, una fórmula que le sirvió para llegar al Salón de la Fama de Valencia y que se nutre de la intuición y la fe en sí mismo y sus peloteros. Confía en sus instintos, más que en aprenderse de memoria las reglas de competición o los nombres de quienes están en la paralela.

¿Es eso lo que busca Guillén, un cambio radical de aires? Si es así, lo ha conseguido: el aire cambiará, y mucho.

Para Sojo es un reto doble. Tiene la oportunidad de demostrar que puede administrar un staff de lanzadores con criterio de escasez, con un grupo muy diferente al que tuvo con los Navegantes, y asegurar con hechos que esa corona magallanera no es la excepción en su carrera como dirigente.

Para la directiva también hay un reto: ahora sí es verdad que todo es nuevo en Maracay. Con una afición que se acostumbró a ganar bajo el mando de Bailey, habrá poca paciencia. Es la ley del beisbol.

 @IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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