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¿Jugar con 9 importados?

¿Jugar con nueve importados? ¿De verdad eso puede ser bueno para nuestra pelota?
 
Si la Asociación Única de Beisbol Profesional de Venezuela fuera un sindicato de verdad, como en los tiempos de Dionisio Acosta, la oposición a continuar con esa medida sería frontal.
 
Bajo la conducción de Acosta, la participación de criollos en el juego diario creció exponencialmente, hasta convertirse los nativos en los principales protagonistas del espectáculo.
 
Pero hay quienes opinan que mantener la cuota extraordinaria fijada para la temporada 2013-2014 sí puede beneficiar a la pelota local.
 
El tema se planteó nuevamente durante la jornada de reflexión de la LVBP, este miércoles, en un debate donde participaron los representantes de los ocho equipos y los directivos del circuito.
 
José Manuel Fernández, asistente a la gerencia general de los Leones, expuso algunos argumentos difíciles de descartar a priori, a favor de mantener la cuota en nueve.
 
“El noveno importado nos dio mucha flexibilidad”, explicó Fernández. “Aunque para el próximo octubre no exista la amenaza de no poder contar con los peloteros que estén en roster de 40, tampoco tendremos una garantía sobre cuántos de ellos se van a reportar. Especialmente en el inicio de la campaña, puede ser una medida realmente útil”.
 
Quizás una cuota variable, que se comprima a ocho en la segunda mitad, pudiera funcionar, entonces.
 
Hay algo cierto en esto: el nivel competitivo en octubre es menor, porque casi no hay grandeligas criollos en acción y muchos prospectos reciben la orden de descansar por esas fechas.
 
La pregunta clave en esta diatriba es si los extranjeros realmente pueden ser de ayuda, marcando una real diferencia. Después de todo, no se trata de aquellos refuerzos que llegaban en el pasado, hace 40 o 50 años, directamente desde la gran carpa.
 
Pete Rose jugó en Venezuela después de ser el Novato del Año en la Liga Nacional, porque los Rojos querían que trabajara aspectos defensivos en la segunda base.
 
Don Newcombe y Roy Campanella actuaron aquí porque necesitaban el dinero, y era preferible obtenerlo en un diamante, incluso en el exterior, que en una gasolinera de Estados Unidos.
 
Bob Gibson vino al país porque en su tiempo las organizaciones del norte no temían que sus mejores prospectos actuaran en el Caribe durante el receso invernal. Hoy ponen límites incluso a peloteros a los que meses después colocan en la lista de asignación.
 
Caramba, si hasta Willie Mays compartió lineup con Roberto Clemente en Puerto Rico, con el Santurce, y jugó en el estadio Universitario una Serie del Caribe.
 
Los actuales forasteros tienen las mismas características que los nativos que plenan nuestros equipos en octubre y noviembre, sencillamente porque sufren las mismas restricciones: vienen de doble A, a veces de clase A avanzada, y en pocas ocasiones tienen legítimo carácter de prospecto. O peor, son peloteros de ligas independientes.
 
Los mejores, los más cotizados, los que tienen mejor nivel competitivo, son protegidos igual, incluso más que los locales, porque aquellos no tienen una escuadra que tramite un permiso excepcional por ante los dueños de su contrato, como han hecho las Águilas con Adys Portillo, ni un agente que haga el puente para satisfacer a su representado, como ocurre con Asdrúbal Cabrera y los Leones.
 
Eso explica los contrastes que hemos visto en la temporada 2013-2014.
 
Zulia es un buen ejemplo de eso. Los cinco bates extranjeros de los rapaces ligaron para .271/.338/.415, contra .289/.372/.405 de los peloteros nacionales. Los totales son más drásticos, pues los criollos de los rapaces dieron 33 jonrones con 244 empujadas, por 11 y 60 de los contratados fuera.
 
Es verdad, la suma de lo aportado por cada quien dice poco, ya que son menos los importados que aportan. Pero lo que muestran los promedios es irrebatible.
 
Esta es una realidad que, con pequeñas variaciones hacia arriba o hacia abajo, se repite con cada divisa, salvo contadas excepciones. Y los aguiluchos son un buen ejemplo para exponer el tema, por cuanto son una de las organizaciones más estables en el manejo de su importación.
 
Caracas y Anzoátegui pasaron parte de la justa anterior con un noveno refuerzo en la banca o en la paralela. Otros elencos estuvieron semanas con ocho e incluso siete hombres nacidos fuera, por no encontrarles sustitutos adecuados.
 
Entonces, ¿beneficia a nuestro beisbol? Hay blancos y negros aquí. Le dará una pieza adicional a las gerencias, lo cual es algo para considerar. Hará que los venezolanos vean casi 13 por ciento menos de acción, lo que les restará posibilidad de potenciar sus aptitudes y conectar con la afición.
 
Queda una interrogante adicional. Con el dólar oficial, resultó barato contratar decenas de extranjeros. Pero ¿con qué dólar se costeará la temporada 2014-2015? ¿Con el dólar Sicad? ¿Con el nuevo permuta, que ya anuncian? ¿Habrá divisas para pagarlos o serán considerados un bien suntuario?
 
Hace cuatro décadas era común que sólo tres criollos defendieran una divisa en una jornada determinada. Los equipos tenían “cuotas de venezolanos”, no de importados, y era fácil inscribir a alguien de afuera en lugar de un nativo lesionado, a modo de compensación.
 
La pelota, hoy, es mejor y más vistosa. Y eso se debe, en buena medida, al aporte de los jugadores del patio.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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