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El Juego de Estrellas por dentro

El Juego de Estrellas fue un noble proyecto de la Asociación de Peloteros para conseguir fondos con qué pagar las pensiones de los jugadores retirados, así como un seguro de amplia cobertura para esas antiguas figuras.

El adiós de Dionisio Acosta, legendario presidente de Asopeloteros, inició el declive que llevó al clásico de mitad de temporada a convertirse en un evento ignorado por la fanaticada. Se despoblaron las gradas. Se alejaron los anunciantes.

Eso llegó a un punto límite hace cinco años. Aquella edición en San Félix debió suspenderse porque únicamente asistieron 18 jugadores. No hubo para armar ni siquiera un roster.

Diciembre tras diciembre, mermó la convocatoria. Hubo que usar peloteros de la liga paralela o alinear fuera de posición a los pocos que decían presente.

Fue entonces cuando la LVBP, con autorización de Asopeloteros, decidió organizar el Juego de Estrellas, pensando en la buena imagen de nuestro beisbol. Porque ese espectáculo, a fin de cuentas, es parte del pasatiempo nacional y cuidarlo es tarea de todos.

El público regresó. Volvieron los patrocinadores. Los astros aceptaron el llamado.. Bien fuera que jugaran contra República Dominicana o se dividieran entre Estrellas Consagradas y Estrellas del Futuro, la cita recuperó el lustre de otros tiempos.

Todo cambió este año. Asopeloteros, que recibía una parte de las ganancias conseguidas por la LVBP, quiso encargarse de todo, nuevamente.

El resultado fue ese choque del martes, que terminó empatado en Puerto La Cruz.

A primera vista, fue un compromiso digno, gracias a los lineups abridores. Hubo buenos nombres en ambas alineaciones.

También hubo ausencias notables. No estuvieron ocho de los mejores 10 bateadores del campeonato. Sólo asistió uno de los cinco máximos jonroneros.. Apenas se presentó uno de los 10 líderes en efectividad del actual torneo. No estuvo ninguno de los ocho cerradores.

Hubo estrellas. Pero no fueron exactamente las estrellas de la 2015-2016.

El problema mayor ocurrió cuando empezaron a jugar los suplentes. Fue un viaje al pasado.

Lanzó Cody Eppley, aunque sólo tenía un tercio de inning en toda la temporada. Relevó Richard Salazar, que no había sacado un out en la eliminatoria. Actuaron Wilfredo Ramírez (con efectividad de 31.50 este año), Luis Cedeño (con 10.60) y Luis Martínez (con apenas 6.0 actos de trabajo).

Leonard Pereda, que no ha debutado en la LVBP, llegó de la paralela para defender a las Estrellas Consagradas. Sí, a las consagradas.

Vieron acción peloteros con un puñado de veces al bate en los dos meses de acción: Anderson Hidalgo (sólo 15), Alfredo González (47), Gustavo Martínez (6), Jonathan Daza (43), Jesús Solórzano (14), Luis Arráez (17) y Emerson Landoni (18).

Urbano Lugo hijo regresó a la Asociación de Peloteros y se echó encima la organización. Logró que la cita saliera, y eso, en lo personal, habla muy bien de su esfuerzo.

Pero el Juego de Estrellas no es un encuentro entre amigos. Si no es un choque estelar, con los mejores del torneo, no tiene sentido. Y la fanaticada lo sabe.

Por eso la decadencia que la intervención de la LVBP pudo contener por un tiempo. Y por eso el riesgo de que esta edición, de vuelta al viejo camino, sea el comienzo del fin para lo que alguna vez fuera un espectáculo querido por aficionados y peloteros.

 

Twitter: @IgnacioSerrano

www.elemergente.com

 

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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