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Johan Santana y la hora del adiós

Johan Santana no lanzará más en 2015. O al menos, no lo hará en el norte. Si se suma o no al Magallanes, es algo que está por verse. Los problemas físicos continúan afectando al zurdo más notable que haya dado el beisbol venezolano y tiene muchas cosas por decidir.

Algo sí parece claro: el merideño intentará un regreso en 2016. Tiene tres años luchando por volver a las Grandes Ligas y quiere despedirse cuando considere sin dudarlo que su hora llegó.

¿Es el momento del adiós? ¿Cuándo debe retirarse una estrella de alta competencia?

Algunos aficionados creen que debe hacerlo ya. No es la primera vez que lo dicen respecto al Gocho. Después de todo, han sido considerables los obstáculos que ha encontrado en el último lustro.

Santana, desde 2012, ha pasado por una segunda cirugía en la cápsula de hombro izquierdo, una operación en el tendón de Aquiles y esta situación poco clara ahora, en la que se mezcla una infección en el dedo pulgar de un pie con el agotamiento sufrido en la LVBP y diversos tratamientos seguidos en Venezuela y Estados Unidos.

Tiene 36 años de edad. Cumplirá 37 en el próximo spring training, en caso de estar en condiciones de intentarlo. Habrá pasado casi cuatro años desde su último juego en las mayores. ¿Vale la pena tanta lucha, tanto esfuerzo?

Es obvio que para él lo vale. Ya ganó fama y premios. Sus números son, en algunos casos, comparables con los que metieron a Sandy Koufax en el Salón de la Fama.. Ha ganado suficiente dinero para mantener a su familia por décadas. Cuenta con la admiración unánime de la afición en su país. Pero quiere algo más.

Ese algo es intangible. Santana lo puso en palabras cuando señaló que desea retirarse en sus propios términos. Hacerlo cuando quiera, no cuando sea inevitable.

Hay quien ve esto como un acto de soberbia o un empeño que puede dañar la memoria que se tiene de su implacable dominio sobre los bateadores. Es una diatriba que se ha dado con él, así como antes se dio con Omar Vizquel y, en cierto modo, con Andrés Galarraga.

Es injusto. Nadie debería presionar desde afuera para que un profesional se retire, sea deportista, ingeniero o abogado, siempre que haya alguien dispuesto a ofrecerle un empleo. E incluso si no fuera así, ¿cómo negarle el derecho al último intento, cómo negarle la alegría de volver a hacer aquello que, dentro de poco, no podrá hacer nunca más?

Porque todo atleta sabe que algún día deberá retirarse. Igual pasa con nosotros, pero los periodistas, los maestros o los comerciales, cualquier profesional liberal, podrá ejercer hasta llegar la tercera edad, inclusive.

 

Los peloteros no. Los mejores y más longevos saben que alrededor de los 40 años de edad deben pasar al retiro. Quienes ya pasamos esa raya sabemos lo aptos, lo bien que nos sentimos, lo capaces que podemos ser para muchas cosas los cuarentones y hasta los cincuentones.

Los jugadores de prácticamente cualquier deporte se enfrentan demasiado temprano con la idea de no hacer nunca más aquello que tanto aman: competir, recibir el aplauso del público, sentir el placer de desempeñarse en el campo, vivir ese ambiente que nunca más vivirán.

A todo eso se enfrenta Santana cuando sopesa la posibilidad de intentarlo una vez más. Lo menos que podemos hacer es desearle buena suerte.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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