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Jesús Montero y otros purgatorios

Jesús Montero largó un grand slam el martes, con un doble y dos sencillos. Empujó 6 carreras y montó en .310 su average. Tritura el pitcheo rival en triple A.

Ha sido un año productivo para el carabobeño. Tiene 7 jonrones y 17 extrabases. Su OPS es de .811 y ha mantenido ese paso desde el comienzo de la campaña.

Pero el antiguo prospecto de los Yanquis seguramente piensa diferente. No debe estar disfrutando el viaje. No estará coleccionando pelotas firmadas, lineups ni otra memoriabilia que le haga recordar su paso por Tacoma. Él, probablemente, se esté preguntando con cada batazo de largo metraje: ¿Hasta cuándo?

¿Qué esperan los Marineros para subir a Montero?

Han pasado 14 meses desde la maldición de Jack Zduriencik, el gerente general que, decepcionado por la mala condición física del venezolano, anunció que el inicialista y designado quedaba públicamente condenado a este purgatorio.

Sí, los Marineros perdieron la fe en Montero. Sí, este añadió un lastre innecesario meses después, con aquel altercado que protagonizó con un scout impertinente, en las menores. Pero ¿cuentan con él? ¿Le ven como una alternativa?

Tiene que ser así. De lo contrario, ¿qué hace en la organización? ¿Por qué no le dejan ir, por qué no lo envían a otra divisa?

Montero es, posiblemente, la cara más visible en ese purgatorio que a veces es triple A. Varios nativos purgan sus penas allí, hoy por hoy. Esperan por el llamado que les devuelta el estatus perdido.

Franklin Gutiérrez, Rougned Odor, Jhoulys Chacín y Héctor Sánchez se cuentan entre ellos. Todos fueron figuras, en algún momento. Todos muestran números excepcionales. Todos aguardan.

En algunos casos, puede que se trate de esperar hasta ver si los problemas físicos han desaparecido definitivamente, como pasa con el Guti. Puede que sus escuadras estén dándoles tiempo para terminar de enrumbar su ofensiva, como pudiera ser la situación de Odor y Sánchez. O quizás estén a la espera de su mejor forma física, aquella que tuviera cuando fue el as de los Rockies, en el caso de Chacín.

El caso de Montero es distinto al de la mayoría, distinto a todos. Lo prueba, en última instancia, la presencia de Logan Morrison en la primera base del equipo grande.

Morrison llegó a las mayores con grandes expectativas, en su tiempo con los Marlins. Pero hoy batea para .245/.322/.386, a pesar de un tórrido mes de mayo.

LoMo no ha podido demostrar que es un bateador diferente. Montero tampoco, a pesar de la promesa que dejó pendiente después de su primer año en Seattle, cuando impuso un récord de 15 bambinazos para un novato criollo en la gran carpa.

La diferencia, claro, es que por Morrison no entregaron a un prospecto importante, como pasó con el venezolano. Hoy, Michael Pineda brilla en la rotación de los Yanquis, el equipo que dio al toletero de Guacara precisamente para adquirir al lanzador dominicano.

Ese pacto, que hasta ahora ganan los neoyorquinos por carreraje, quizás sea el último motivo que contiene a los occidentales y permite pensar en una eventual oportunidad. Algún día tendrán que ver si lo perdieron todo o ganaron algo con el cambalache.

Que se apuren. Porque Montero está callado, bateando mucho y haciendo lo que le piden. Parece listo para salir del purgatorio.

Twitter: @IgnacioSerrano

iserrano@el-nacional.com

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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