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¿Y si Jesús Montero se fuera a Japón?

Carlos González, Ernesto Mejía y Jesús Montero participaron en un Derby de Jonrones la semana pasada. Son tres de los bateadores venezolanos con más fuerza en la actualidad.

González estuvo en San Diego, por el Juego de Estrellas de las Grandes Ligas. Antiguo prospecto de Arizona, viene de su primera cosecha de 40 cuadrangulares con Colorado.

Mejía estuvo en Yokohama, en la Serie de las Estrellas de la NPB. Está en plena carrera por su segundo liderato de vuelacercas en Japón.

Montero defendió los colores de la Liga Internacional contra la Liga de la Costa del Pacífico, en Triple A. Después de tantos años, de tantas expectativas y sinsabores, todavía no encuentra su lugar.

No le ha ido mal en 2016, con la principal sucursal de los Azulejos de Toronto. Batea para .310/.337/.465, con 11 bambinazos y 52 impulsadas.

Todavía no afina su disciplina en el home; apenas tiene 14 bases por bolas. Pero el resto de sus números sugieren que le queda poco que aprender en las menores.

Así le pasó a Roberto Petagine hace casi dos décadas. Montero fue el Pelotero del Año la temporada pasada, con el Tacoma, y Petagine fue Jugador Más Valioso dos veces en Triple A, mientras subía y bajaba a las mayores, sin consolidarse.

Así le pasó a Mejía. Tenía 28 años de edad y seguía en las granjas, cargado de galardones y sin chance real de demostrar su valía en la MLB.

¿Por qué? Si son probadamente buenos, ¿por qué?

Porque la diferencia última entre el pitcheo de Triple A y la gran carpa separa la paja del trigo. Ni Petagine, en su momento, ni Montero hoy, pudieron descifrar el mejor control y los mejores quebrados de las mayores.

También por la falta de versatilidad. Si se es inicialista puro, sin velocidad, la única alternativa es ser designado. Un infielder, un jardinero natural, tienen más posibilidades, porque pueden defender más posiciones.

Montero no tenía espacio en Seattle, porque ambas plazas estaban ocupadas. De nuevo lo están ahora en Toronto. Sólo una lesión de Edwin Encarnación o Justin Smoak podría abrirle un lugar, por más que uno vea a Smoak y piense que el carabobeño podría hacer lo mismo o más.

Llegó el día en que Petagine aceptó probar otra cosa y se fue a Japón.. Allá se convirtió en súper estrella, la gran figura venezolana desde los tiempos de Robert Marcano, Jugador Más Valioso y líder en muchos departamentos.

Mejía siguió sus pasos. Lleva tres campañas allá y se ha consolidado como ídolo. Hace poco admitía en una entrevista que encontró su lugar en el archipiélago. Ya no piensa en las mayores. ¿Para qué? Encontró reconocimiento, fama y fortuna.

¿Llegará el día en que también Montero cruce el océano Pacífico? Es el típico candidato, cabalgando entre los dos niveles, brillando abajo, sin consolidarse arriba; toletero de poder, antiguo prospecto, víctima aún de ciertos quebrados y de la falta de espacio, ayer en Seattle, en Toronto hoy.

Puede que Mejía se perdiera una carrera en las Grandes Ligas. Pero no estaba en sus manos. La posición menos cotizada en la pelota organizada es la inicial, porque allí recalan los veteranos, los pesos pesados y los que no tienen la movilidad para cubrir otros lugares.

Tal condena terminó siendo la fortuna del portugueseño. ¿Será, dentro de poco, la oportunidad de Montero? Quizás pronto lo sabremos.


@IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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