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Dámaso Blanco y Juan Vené estarán en el Salón de la Fama

Qué alegría saber que Dámaso Blanco y Juan Vené estarán en el Salón de la Fama del beisbol venezolano a partir de 2014, cuando se concrete la entronización que el Comité Histórico decidió esta semana. Qué tristeza que los miembros del Comité Contemporáneo no hiciéramos justicia con los candidatos que nos presentaron y falláramos en elegir al menos a un nuevo inmortal, para acompañar a Dámaso y Juan.

Qué mezcla de sentimientos esta, la que nos aborda desde el jueves y nos acompaña al escribir esta columna.

A Juan lo llevábamos en el transistor escondido bajo la almohada, noche a noche, en sus inolvidables relatos desde el Shea o el Yankee Stadium. Las pocas veces que pasaba la hora del juego y no sonaba el Take me out to the ballgame , la canción que marcaba el inicio de la transmisión, nos íbamos a la cama con la desazón de no haber disfrutado del postre. Oyéndole, aprendimos a anotar rústicamente, en cuadernos a los que trazábamos rayas verticales para improvisar boxscores, y luego en las hojas que fotocopiábamos, tras el invaluable regalo que nos hizo una tarde de domingo José Aníbal Manzo, cuando nos enseñó a anotar en el Estadio Universitario. Teníamos 12 o 13 años de edad y ya vislumbrábamos nuestro futuro: no sólo ser periodistas; ser Juan Vené. Años después entablamos relación, conocimos de su carácter y bebimos su palabra. También disentimos, porque hay aspectos del juego y de sus protagonistas que no compartimos, lo que verdaderamente es una fiesta, ya que saberlo es otra oportunidad para recordar las razones de nuestra admiración inicial, jamás marchita. Hoy no estaríamos escribiendo estas líneas si no nos hubiera dado la bienvenida tantas veces: "¡Salud, amigos, qué tal, fanáticos, el deporte vuelve a unirnos!". Gracias, Juan.

Y gracias, Dámaso. Nunca lo vimos jugar, porque llegamos a las tribunas del Universitario en 1976, impactados por los Rojos y su triunfo en la Serie Mundial de 1975. Su voz, sin embargo, ha acompañado nuestra historia de amor con el deporte que nos da alegría y alimento. Descubrimos la acción de la LVBP a través de sus palabras, que quedaron entreveradas con los relatos y comentarios de otros imprescindibles en nuestra adolescencia y nuestro beisbol: Carlitos González, Foción Serrano, Felo Ramírez, Gonzalo López Silvero, Delio Amado León, Carlos Tovar Bracho, el Musiú Lacavalerie. Con los años descubrimos que era mucho mejor bateador de lo que decían él y sus colegas. "En el año 1963 `antes de Cristo’ bateé .330 y di 190 hits en la Liga de California", admitió cuando le tocamos el tema, ayer. Y lució la mejor defensa para un antesalista, cuentan todos los que le vieron. "Es que yo quería ser shortstop, como el Chico Carrasquel", sonrió. Allá, cuando se descubra su estatuilla, estará junto al Chico, ahora su compañero en nuestro Salón de la Fama.

El final de esta columna iba a ser feliz. Iba dedicado a Leonel Carrión, Jesús Alfaro, Leonardo Hernández, Géremi González u otro posible inmortal, elegido por el Comité Contemporáneo.

No hicimos nuestra parte.

No sería problema si fuera dispersión de los votos. A Carrión le faltaron 2. A Edwin Hurtado 4. A Hernández 9. El problema fueron los votantes que decidieron no apoyar a ninguno, porque nadie merece estar junto a Luis Aparicio o David Concepción. El problema es que haya votantes que no hagan un estudio profundo al recibir la planilla. El problema está en quienes olvidan que en Valencia deben estar los mejores de todas las épocas, y tanto los grandeligas como los astros de la LVBP y del amateur. Qué tristeza que por nuestra causa la clase de 2013 quedara incompleta.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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