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Hernán Pérez quizás sea el único claro perdedor con el cambio

Pocos cambios en la historia de las grandes ligas han impactado a tantos peloteros venezolanos como el pacto que llevó a Prince Fielder de los Tigres a los Rangers y a Ian Kinsler de Texas a Detroit.

Más notable todavía, sin involucrar a un solo nativo en la ida o en la vuelta.

Dedicamos una columna completa, el viernes, para desbrozar qué significa esa transacción para Miguel Cabrera y qué impacto puede tener en su producción.

Estamos seguros de que no necesita un guardaespaldas para seguir siendo un bateador temible, como no lo necesitó Barry Bonds. Pero ¿y los demás? ¿Cómo influye el cambalache en el futuro de Omar Infante, Elvis Andrus, Luis Sardiñas, Víctor Martínez, Hernán Pérez y Rougned Odor? No hay que preocuparse por Infante. Es agente libre desde hace varias semanas conseguirá un buen contrato, comparable con ese que aseguró la vida de Marco Scutaro en 2012. El que hayan mencionado al anzoatiguense como posible sustituto del también agente libre Robinson Canó en los Yanquis dice todo acerca de su estatus. No hay señal de que los neoyorquinos estén seriamente interesados en él, es sólo de una versión de prensa, pero refleja la proyección del camarero entre los intermedistas disponibles hoy en el mercado.

Le irá bien, porque tiene cómo forjar su destino. Andrus, entretanto, ve alejarse la molesta incertidumbre de no saber si mañana deberá dejar su casa para ir a vivir a una ciudad desconocida. Con Kinsler fuera del panorama, ya hay un lugar para que el campocorto Jurickson Profar, prospecto número uno de los texanos, comience una nueva carrera como titular, ahora como intermedista. Está por verse cómo se adapta a esa parte del infield, pero si batea como ha proyectado en las menores, cubrirá con creces la salida de su antecesor. La mudanza del antillano impacta sobre Sardiñas y Odor, pero menos de lo que se cree a primera vista, ya que no estaba planteado que uno de ellos pudiera ser bigleaguer a comienzos de 2014. Odor ha emocionado a la afición venezolana por lo mostrado con Magallanes, pero los vigilantes conocen sus condiciones desde hace mucho tiempo y también desde hace mucho han planificado su graduación para una fecha más bien cercana a 2015.

Como fuere, ambos prospectos nativos irán a triple A, mientras siguen desarrollándose y se preparan para pedir paso cuando les llegue la hora; entonces se sabrá si el experimento con Profar fue un éxito o si se abre una nueva brecha para alguno de ellos, algo que era menos probable con Kinsler a bordo, por los cuatro torneos que le quedan a éste último en su contrato.

Pérez quizás sea el único claro perdedor con el cambio, en lo que respecta a los venezolanos. Iba a disputar la segunda base de los Tigres en el spring training, en caso de mantenerse esa vacante, y ahora ve cerrada la posibilidad. Le queda la baza de ser utility y aprovechar su juventud. Es bueno que se vea en el ejemplo de Infante: siempre habrá tiempo de forjar la titularidad, si hay trabajo, condiciones y paciencia. Martínez, en cambio, gana claramente con el pacto. Ya no será el bateador designado a tiempo completo en la Ciudad del Motor. Dependerá de lo que en definitiva haga Detroit con Cabrera, pero en el peor de los casos jugará dos o tres veces a la semana al campo, bien sea como receptor, en sustitución de Alex Ávila, ahora que está completamente sano de la rodilla operada, o en la inicial, cuando deseen dar descanso como designado a su compatriota. Ese es el panorama con los otros cinco venezolanos a quienes toca de cerca el cambio de Fielder por Kinsler.

Nada grave, en ninguno de los casos, y sí mucho que ganar.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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