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¿Existe la maldición del Derby de Jonrones?

La Maldición de Babe Ruth, la Maldición de la Cabra, ¿la Maldición de Bob Abreu?

 

¿Sufrió Abreu una especie de hechizo, después de ganar el Derby de Jonrones en 2005?

 

Es un comentario recurrente entre los aficionados, no sólo en Venezuela.

 

Aunque la competencia de cuadrangulares en las Grandes Ligas parece ganar entusiastas, con estadios llenos y un nuevo formato que resulta más dinámico y atractivo, existe una creencia más o menos generalizada que apunta a una especie de pava contra de los competidores —y especialmente los ganadores— de la cita anual.

 

La respuesta debería limitarse a una repregunta adicional: ¿sufre algún tipo de hechizo Todd Frazier, el vencedor de 2015?

 

Frazier llegó a la pausa del Juego de Estrellas con 25 cuadrangulares. Le disputa a Mark Trumbo y Kris Bryant el liderato absoluto en las mayores. Aunque batea para .213 (nunca ha sido un toletero de promedio), su ritmo de vuelacercas es mejor que nunca y va en camino a triturar su tope personal de 35, impuesto precisamente en 2015.

 

¿Por qué el antesalista habría evadido el disparo y Abreu no pudo?

 

Que hablen los números: entre 2006 y 2009, el Comedulce bateó para .292/.388/.453. En líneas generales, eso demuestra contacto, capacidad para embasarse y poder para dar extrabases.

 

En ese lapso dio 149 tubeyes, a una media de 37 por campaña. Anotó 411 carreras y empujó 417, a más de 100 por campeonato en cada renglón. Robó 107 bases, a 27 por torneo.

 

Son números fueron excelentes para casi cualquier bateador. Peor hay que hacer dos precisiones: su cantidad de bambinazos, en efecto, bajó, porque sólo consiguió 17 por zafra; por otra parte, el aragüeño fue un pelotero estelar en su primera década de servicio, con averages sobre .300, promedios de embasado arriba de ..400 y más de .500 de slugging.

 

¿Fue esa una consecuencia de la supuesta pava del Derby? No. Más bien fue la consecuencia de tener que pasar por algo que vivimos todos, seamos o no atletas de alta competencia.

 

Abreu siguió cumpliendo años de nacido, gracias a Dios, y en 2006 tenía 32. Es exactamente la edad que marca el comienzo del declive de un pelotero, según múltiples estudios fácilmente verificables. De hecho, ese declive a menudo empieza un poco antes.

 

El nativo de Turmero superó los 30 tablazos para la calle en dos ocasiones, en su mejor momento. Posiblemente algunos piensen en eso cuando acusan la merma en su rendimiento global.

 

En realidad, su promedio anual de jonrones fue de sólo 23 en su mejor momento, entre 1998 y 2005. Si después de los 32 años de edad, cuando le tocaba declinar, promedió 17, parece claro que la razón de la merma posiblemente sea la partida de nacimiento y no una supuesta maldición.

 

Comparemos con otros ganadores: Frazier (2015), Yoenis Céspedes (2014 y 2013), Prince Fielder (2012), Robinson Canó (2011), David Ortiz (2010) y Fielder (2009, nuevamente) mantuvieron el paso en el resto de la zafra y en sus carreras. Apenas Justin Morneau (2008) presentó un bajón, pero la cuenta se retoma con Vladimir Guerrero (2007) y sigue con otros casos.

 

No existe tal cosa como una Maldición de Derby de Jonrones. La inmensa mayoría de los ganadores siguió dando cuadrangulares después de eso. Tampoco existe el Efecto Abreu.

 

Lo que existe es la edad. Y nos afecta a todos.

 

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com


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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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